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Los maestros del placer: Abelardo Barroso, el Caruso del son (+video)

Fecha de Publicación: 2019-02-25 10:20:57


Abelardo Barroso

En Cuba se habla de tres cantantes populares inigualables: Benny Moré, Miguelito Valdés y Abelardo Barroso. Con cualquiera de esos tres colosos, cualquier país fuera famoso en la música y nosotros tuvimos esos tres y también a un Barbarito Diez, un Miguelito Cuní, Fernando Álvarez, Pacho Alonso, Roberto Faz, Fernando Albuerne, Omara Portuondo, Elena Burke, Rita Montaner, Esther Borja, Merceditas Valdés, Celina González y decenas de ídolos más.

El caso de Abelardo Barroso (La Habana, 21 septiembre, 1905-La Habana, 27 septiembre, 1972) es muy especial, lo admiraba Benny Moré, Celia Cruz y todos le llamaban el “Papá”: «Abelardo Barroso, pionero de los soneros en Cuba» (Daniel Santos); «Abelardo Barroso fue el padre de muchos soneros en Cuba» (Celia Cruz). «Conocí muy buenos soneros: Cheo Marquetti, Arsenio Rodríguez, Abelardo Barroso. Ellos sentaron cátedra en el ritmo. A Barroso le decíamos el decano. Todo lo que hizo Benny Moré –como ese no hay otro–, lo que hago yo, se deriva de Abelardo Barroso. Fue el primero que comenzó a pronunciar y darle expresión al son». (Miguelito Cuní).

Desde la década de 1920, cuando los sextetos de sones causaban un verdadero boom, ya Barroso era una de sus grandes estrellas. Brilló en los sextetos y septetos, en conjuntos y charangas. Era una voz aguardientosa de son, pero una voz cálida, amable, dulce como la caña de azúcar.

Conocí a Barroso
Allá en el Pontón
Me cantó sabroso
Con la Sensación.          

El cantor atravesó triunfalmente varias generaciones, la era del danzón, el danzonete, el son, la habanera, el bolero, el mambo, el chachachá y los ritmos foráneos: foxtrot, charleston y el jazz. En la época del danzonete se enfrentó al protagonismo de los cantantes líderes: Pablito Quevedo (el primer divo de Cuba), Fernando Collazo (el primer cantante con personalidad glamorosa y automóvil particular), Barbarito Diez (la voz del danzón), Joseíto Fernández (rey de la "Guajira Guantanamera") y Alberto Aroche.

El joven Abelardito nació en la calle Concordia,  el 21 de septiembre de 1905. Tuvo que afrontar la pobreza de los inicios del siglo XX y se vio obligado a trabajar como pelotero y boxeador. Pero su barrio habanero era muy musical y se fue adentrando poco a poco en el canto.

La manera en que llega Abelardo al septeto Habanero es digna de contarse y, parece un poco idealizada: «En 1925 –redactó el periodista Alberto Pozo– Abelardo conducía de madrugada un auto de alquiler con los integrantes de la agrupación más afamada de la capital, el Septeto Habanero, camino de la playa de Marianao, zona de cabaretuchos y clubs aristocráticos; los músicos van cantando y el joven chofer de sólo veinte años se les une haciendo un falsete. Todos se quedan sorprendidos, quizá un poco confundidos. «Muchacho, desde hoy perteneces al Septeto», dijo categóricamente el dueño del Septeto”.

Según datos del libro de son de Senén Suárez, Barroso graba los primeros discos del Septeto Habanero: Maldita timidez, No me desprecies mujer, Chaparrita y La loma de Belén. En el Septeto se mantuvo de 1925 a 1926, entonces pasa al septeto de El Jorobado Alfredo Boloña, uno de los introductores del son en La Habana, junto a muchos trashumantes.  Abelardo y Boloña fueron a grabar a Nueva York: "Quiéreme camagüeyana", "Aurora en Pekín", "A morir caballeros", "Échale candela", "Que desdichado nací", y "Linda mora".

Después de algunas presentaciones con El Jorobado, en 1927 Abelardito regresa al Septeto Habanero que seguía siendo el iniciador de la fiebre de los septetos, graban nuevos temas: "Un meneíto suave", "Aquella boca", y otros números.

Barroso vivía en Zanja y Marquéz González, cerca de Piñeiro y Agustín Rodríguez. Cuando se oficializa el Septeto Nacional (conocido como Habana Sport), el 30 de junio de 1928, en los Jardines de la Tropical, Ignacio Piñeiro invita a Barroso para cantar con esta agrupación, que andando el tiempo haría historia. Se presentan junto al Sexteto Habanero.

Ricardo Roberto Oropesa Fernández me recuerda que Barroso viaja con el Septeto Nacional a Nueva York en el 1927 y 1928, aunque no lo hace a Sevilla el 1929, fueron Cheo Jiménez, fallecido en la travesía y sustituido por Juan de la Cruz.

Aproximadamente, por el año 1930 cuando despega el danzonete, Barroso visita por unos meses España con la compañía Camelia. Rolando Valdés considera que la gira no fue nada del otro mundo; pero alcanzan algunos éxitos: incorpora el son cubano a la milonga española, propiciando una innovación sensacional: Viva España porque tiene a Paulino en el boxeo. Esta es la milonga, de Barroso en chachachá: Un día entré en un mercado y los trabajadores me recibieron con un cuplé de moda: Madre, yo quiero un negro para bailar/, madre, cómprame un negro, / cómprame un negro para gozar, / que baile el charleston, / que toque el jazz band / y que cante el son/.

En 1955 llega el renacimiento de Barroso, su gran momento con el chachachá de la orquesta de Rolando Valdés: Sensación, que hay una sola.

Hay muchas versiones de cómo llega Barroso a La Sensación; pero yo anoto la del director de la orquesta, el que más cercano estuvo del acontecimiento. En su apartamento de la calle Consulado, Rolando me explica:

Barroso escuchó a Cheo Marquetti (el mejor repentista), grabar una guajira con nosotros y le gustó como sonaba nuestra charanga. Yo conocía a Abelardo desde 1938, entonces me viene a ver al cabaret La Campana donde cantaba Benny Moré. Me pide grabar un bolerito, yo le sugiero la canción de Juana González, "En Guantánamo". Fue un escándalo victrolero, el despegue en grande de la Sensación. Barroso era un monstruo, lo mismo cantaba un son, una guaracha, un bolerito que una gallegada (La hija de Juan Simón). Todos los soneros lo han imitado, él fue el primero. En la TV lo presenté como un pepillo (joven), le puse un short, con una tetera y le cantamos: Barroso tiene 15/ y baila chachachá/.

Rolando es un maestro para mí –reconoció Barroso– un gran amigo, me escogía el repertorio y me llevó a obtener el Disco de Oro de 1955 y hasta me aseguró el retiro. Es un genio de la charanga.

Esta es aproximadamente la trayectoria de Abelardo Barroso, olvidado por algunos, desconocido por otros; pero a la hora de presentar a nuestros mejores cantantes, siempre tendremos que volver a sus grabaciones inolvidables.



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