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Los acordes de lo hermoso (+video)

Fecha de Publicación: 2018-08-03 11:14:52


Liuba María HeviaCuando se afirma que la modernidad nos ha alfabetizado a nivel global para reconocer como válido cualquier producto de las grandes hacedoras del entretenimiento, bien en el terreno de la industria del cine o en el de la música, lo menos que podemos sentir es compasión por quienes profesan su conformidad con sentirse encadenados a semejante castigo. Para este tipo específico de diletante de la música, manifestaciones de la llamada canción de raíz como el blues o el cante jondo quedan relegadas, de hecho, a planos inferiores al no estar necesariamente a la moda, que a propósito, cada vez es devorada con mayor desespero por las fluctuaciones de un mercado en constante búsqueda de nuevas víctimas fútiles.

Otra música de raíz, en este caso identificada por su naturaleza y carácter con la esencia profunda del pueblo argentino, es el tango. Ha sido, desde siempre, un gustado género, muy a pesar de que la ignorancia posmoderna le reconozca la innegable presencia de un resplandor, pero tan añejo, que no trasciende más allá del polvo que envuelve a lo desechable.

Entre la cantidad de nuevos discos que aparecen cada día, entre la más absoluta oscuridad que envuelve al basurero de banalidades de los discos de música comercial, encontramos un proyecto discográfico dedicado al tango que clasifica entre los que, a nombre de muchos, alumbran el camino de lo auténtico en el arte. Se trata del CD Naranjo en Flor que, editado por el sello discográfico La Ceiba, recoge la personalísima versión del tango cuando es asumido por la cantautora Liuba María Hevia. Decir que nuestra Liuba se mueve como en aguas propias cuando aborda este género rioplatense, es pecar de redundante, porque sabemos que para ella el trovar y tanguear constituye una identidad en sí misma. La sinceridad mostrada desde el momento en que se hizo miembro de la Asociación Cubana de Amigos del Tango, hace ya más de dos décadas, impresiona por tanta voluntad desplegada para apropiarse de una música venerada hasta en los extremos más recónditos de su alma.

Basta tan solo la primera escuchada del CD Naranjo…, para invocar al hechizo de Liuba María Hevia y lograr que el disco se convierta en un templo donde estas melodías y textos, nos hacen sentir avergonzados de lo absurdo, al preguntarnos dónde estábamos que nos mantuvimos ajenos a tales maravillas al mismo tiempo que nos colmamos de orgullo porque a estas alturas, todavía nos sorprendemos con esta dimensión artística, realmente inusual por nuestros contornos.

Como habitualmente sucede en cada uno de sus discos, el influjo del apasionado cantar conmociona todo un universo de circunstancias presentes en el proceso de grabación encaminándolas hacia una sola dirección. La coherencia creativa entre los aires del bandoneón junto con los del piano y el violín, perfilan los bordes de un lirismo que sentencia la eternidad de la belleza. Piezas de los años 30 y 40 del pasado siglo como “Sus ojos se cerraron”, “Maquillaje” y “Como dos extraños”, tienen un acabado que las ubica en los clásicos de la canción de amor.

Y para nada desentona que en esta selección de verdaderas joyas del tango, a cargo de la propia Liuba, aparezcan temas mucho más cercanos en el tiempo como “Vuelvo al Sur”, compuesta en 1988 por el dúo de Astor Piazolla y Fernando Pino Solanas o “La niebla del tiempo” (2001), de Osvaldo Montes; válidos ejemplos de la vitalidad del género. El valor de este fonograma, que está llamado a ser todo un suceso editorial, aumenta todavía más al revisar una muestra de la crítica social inherente al tango; así, compartimos la denuncia del espanto que significó en su momento el bombardeo nuclear a Hiroshima en la canción “El cuarenta y cinco” de María Elena Walsh en 1967; el camino equivocado que pretenden imponerle a la humanidad, situación que Enrique Santos Discépolos previó desde 1934 en la pieza “Cambalache” y Liuba lo reafirma para este nuevo siglo; o “El chiquilín de Bachín”, tango de Horacio Ferrer y Astor Piazzolla de 1976, conmovedor tema dedicado a los niños que se ganan la vida en la calle, en este caso vendiendo flores.

Por supuesto, en el rango de respetabilidad de nuestra antología, no podía hacerse notar la ausencia de “El día que me quieras”, monumento hecho canción del binomio Gardel/Lepera que, como amerita una ocasión especial, esta intérprete comparte con la abierta sensibilidad de alguien probado en estos lares como el trovador Santiago Feliú. Precisamente, una carga de puro sentimiento, provoca que “Naranjo en flor”, de los hermanos Expósito haya sido escogida como la pieza que cierra el disco, por su envolvente ternura, de un alcance que excede la admiración de Liuba María Hevia por el tango, al convertir el disco en un resultado de lo hermoso, cuyos acordes indescifrables, sencillamente nos convocan a su disfrute mayor.

Tomado de La Jiribilla



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