
Compositor, guitarrista y director de orquesta, Leo Brouwer (La Habana, 1939), dejándose llevar por su pasión por el cine también ha puesto todo su ingenio artístico al servicio del séptimo arte, en una faceta poco conocida de su rica carrera.
Nuestros mejores realizadores estiman que él es «el músico ideal para hacer cine». Tomás Gutiérrez Alea afirmó: «Es muy fácil trabajar con Leo». Brouwer compuso la música de "La batalla de Santa Clara", el tercero de los cuentos de Historias de la Revolución, largometraje dirigido por Alea en 1960. Años después, la profunda identificación profesional que los une hizo posible, entre otros títulos: Memorias del subdesarrollo, La última cena y Los sobrevivientes.
Otros directores también han buscado la cooperación de Brouwer en el momento de musicalizar sus cintas, es decir, han visto en su disposición natural para el cine la apoyatura necesaria, lo que de hecho ha contribuido a una mejor apreciación de sus imágenes.

El joven rebelde, de Julio García Espinosa; Lucía y Cecilia, de Humberto Solás; El otro Francisco, de Sergio Giral; Ustedes tienen la palabra, de Manuel Octavio Gómez; Tiempo de amar, de Enrique Pineda Barnet; El hombre de Maisinicú, de Manuel Pérez; así como las coproducciones Visa USA, del colombiano Lisandro Duque, y La viuda de Montiel, El recurso del método y Alsino y el cóndor, del chileno Miguel Littín, todas de ficción, son películas cuya música ha sido compuesta por el maestro Brouwer.
En el corto y el mediometraje también ha estado presente su talento. Bástenos mencionar Vaqueros del Cauto, de Oscar Valdés; Wifredo Lam, de Humberto Solás, o Hanoi, martes 13 y Mi hermano Fidel, de Santiago Álvarez.
Más allá del cine, como todos sabemos, Brouwer, graduado como bachiller en música en la Universidad de Hartford, ha ofrecido conciertos en las principales ciudades del mundo, tiene varios discos de larga duración grabados y, por supuesto, ha creado su propia obra, de la cual citaremos, a modo de resumen, el ballet "Auto sacramental" y "Cantos yoruba"; así como "El gran zoo y "Es el amor quien ve…", estos últimos apoyándose en textos, respectivamente, de Nicolás Guillén y José Martí.