
Desde los tiempos de la colonia, las letras de las canciones fueron muy vapuleadas, los términos populachero, vulgar, prosaico, grosero, soez, mal gusto, estaban en la boca de los detractores de las canciones.
Buenaventura Ferrer, en El Regañón de La Habana, atacó fuertemente las guarachas de aquellos tiempos, «en muchos cantares se ultraja la inocencia, se ofende la moral y se violan las leyes religiosas y civiles, con un tono fastidioso, sin el menor escrúpulo de conciencia».
Serafín Ramírez, en 1800, consideraba esas guarachas «llenas de obscenidades». Eliseo Grenet fue criticado, al igual que Moisés Simons, por el tema que menciona “Vacúnala”. Luis Casas Romero dijo: «Encierra tanta belleza melódica y rítmica la música cubana que es una verdadera desgracia la degeneración actual, llevándola hasta el monótono son». Luis pone al son en la misma categoría en que hoy lo hacen con el reguetón. Hasta el gran faraón Sindo Garay fue atacado por parte de Manuell M. Ponce por hacer malas letras en música primorosa¹.
Las letras de los boleros siempre han sido tema de discusión. En la década de 1920, muchos compositores y músicos, en el afán de mejorar los textos comenzaron a musicalizar versos de poetas, alcanzando las obras un nivel en la lírica; algunos de esos ejemplos: "En el sendero de mi vida", conocido como "Ella y yo", de Oscar Hernández, con versos de Urrico Ablanedo (1916). Cinco años después Eusebio Delfín con su obra "¿Y tú qué has hecho?” (rebautizada como "En el tronco de un árbol"). Seguimos con Rosendo Ruiz Suarez "Pobre corazón".
Otro ejemplo es Miguel Matamoros con "Olvido", primer bolero comercializado. Y finalmente la obra cumbre de Nilo Menéndez con letra de Adolfo Utrera, "Aquellos ojos verdes" (1929) que lo cambió todo en el bolero moderno. Esta década de 1920 tiene la influencia de la zarzuela y el sainete cubano, entre cuyos autores podemos mencionar a Ernesto Lecuona, Jorge Anckermann, Gonzalo Roig, Eliseo Grenet, Rodrigo Prats, Moisés Simons, José M. Mauri, y Eduardo Sánchez de Fuentes.
Pero, en los boleros callejeros, arrabaleros y de victrola, se escribieron muchos temas candentes, a veces contra la mujer. El noventa por ciento de las canciones van dedicadas al amor, a la mujer que propicia la prolongación de la humanidad.
Muchas de esas canciones son parte de la lucha de sexos que existe desde la prehistoria, desde que el hombre es hombre. Leonardo Acosta habla de ello en su artículo dedicado a las letras de las canciones: «Fueron la consecuencia de una sociedad injusta, y la música que reflejó no debe ruborizarnos, porque es también parte de nuestro patrimonio cultural, y con aquellos temas y lenguaje se hicieron excelentes boleros y canciones que a menudo han trascendido fronteras (nacionales, clasistas y regionales) para convertirse en clásicos a nivel mundial»².
Otro grande de la musicología, Danilo Orozco, dedicó un tremendo artículo al tema. Danilo habla de una lírica popular relacionada con la sátira, la ironía, lo burlesco, lo velado, punzante y lo socio-emocional. Total, que Danilo asegura que de todo eso no se salvó ni Matamoros, ni el poeta del son, Ignacio Piñeiro, tampoco el rey Benny Moré.
Ni Matamoros, ni Benny y otros grandes eran tan ingenuos, como se llega a insinuar. Baste recordar el detalle de algunas cuartetas originales que usó Matamoros en "El que siembre su maíz", que incluye vocablos agudos y punzantes, fuertes y hasta soeces. En otro clásico como "Suavecito", del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro, hay una picardía velada, entre lo que alude a Carola y al baile: «Suavecito es como me gusta más».
Arsenio Rodríguez, en composiciones entre insinuantes y casi marginales, pero sin perder la agudeza, la gracia y el ingenio, legó textos como: Esa cosa que me hiciste mami me gustó. / Me gustas porque eres salamera, / me gusta porque eres vanidosa, / me gustas porque eres paluchera, / me gusta porque tienes muchas cosas /. También se criticó a Arsenio por aquello de «qué me estás haciendo mami», vocablo tipificado del querer arrabalero. Recordemos la canción de Arsenio "Dame un cachito pa´huelé", "El reloj de Pastora", "Como traigo la yuca" y "Vecina, préstame el cubo".
También Adalberto Álvarez fue seguidor de ese manejo de los elementos musicales bailables, en la composición sobre la guagua que la cogen por detrás. Y el casi canonizado Benny Moré cuando en el tema montuneado, "Castellanos que bueno baila usted", en el que profería exclamaciones emocionales en rejuego con integrantes de su orquesta. Y qué decir de su también célebre vocablo: ¡Hierro!, expresión tomada por no pocas personas de entonces como demasiado cruda y hasta de connotaciones pornográficas³.
Danilo Orozco dice que no es tan fácil delimitar fronteras entre lo que es o no es vulgar, rechazable o no, sino se tienen muy en cuenta, en la práctica socio-musical, los ya referidos factores, propios de la música, la intención, el contexto y la época.
El musicólogo pone ejemplos actuales como los de José Luis Cortés (NG La Banda), con "La bruja" y "La cachimba"; Giraldo Piloto, con "Décimo grado"; la Charanga Habanera, con "Maricusa y Pantaleón", un rejuego que bordea lo amoroso, lo pícaro y lo erótico, sin que necesariamente se extralimite en crudeza. Esa letra, a ritmo de conga, tiene una sabrosura y una gracia criolla inigualable: En la calle hay una pila de postalitas, / que confunde mariquitas con tostones /.
Orozco dice que «no puede culparse a la Charanga Habanera o a otros grupos, ni aún con textos controvertidos, como los causantes reales de este tipo de reacción dadas en ciertas circunstancias catalizadoras. Juan Formell con Los Van Van ha sido blanco de muchas críticas por ciertas palabras como «asere», de origen africano. De igual modo los Irakere en el estribillo: «A romper el coco».
Guarachas, rumbas, boleros y sones, fueron censurados y puestos en una lista negra por la Comisión de Ética Radial, de antes de 1959.
Canciones que fueron sancionadas, pero el tiempo, que todo lo cura como dice el viejo tango "Volver", dejó un sedimento histórico que lo fue cambiando todo.
Vale la pena que poetas, especialistas literarios y sociólogos, atendieran las letras de las canciones, estuvieran avisados contra los prejuicios y velaran porque las letras no fueran superficiales y carentes de creatividad. Hay que vigilar las letras de las canciones, también hay que analizarlas, ellas son parte del reflejo de la sociedad.
Notas:
¹ Ver Liliana Casanella Cué, Música popular bailable cubana, CIDMUC, La Habana, 2013.
2 Leonardo Acosta, "El bolero y el kitsch", conferencia en la UNEAC.
3 Danilo Orozco, "Échale salsita a la cachimba", La Gaceta de Cuba, 3/95.
En video: El Septeto Nacional Ignacio Piñeiro interpreta "Suavecito":