
Enero de 1959 es una fecha de radicalidad, de decisiones para unos, de toma de conciencia para otros, de esperanza para la mayoría.
Una revolución pujante se abre paso y es seguida por quienes tienen fe en sus sueños y en hombres puros de carne y hueso. La isla de Cuba se llena de miradas, de posibilidades para una vida diferente, que algunos temen y muchos idealizan.
Desde esos primeros instantes de euforia justificada ante la victoria rebelde, el Comandante en Jefe Fidel Castro asumió aquella osadía y aseguró que comenzaba la verdadera batalla, la más difícil de vencer.
Y fue así y sigue siendo así. Revolución es voluntad para aprender a caminar un mundo nuevo en el momento mismo de construirlo. No solo hubo fusiles, grúas, tractores, talleres, bueyes, campesinos, obreros, soldados. Se entregó el alma, la vocación espiritual de la Generación del Centenario vistió las plazas de nuevos himnos, poemas, imágenes.
Fue el parto de una era dolorosa, donde los cantores guitarra en ristre llenaron la Casa de las Américas para que se supiera que no era esta revolución solo cubana, y luego mezclaron voces y música en un Grupo de Experimentación Sonora para un nuevo cine latinoamericano, cine pobre o de todos los que nunca pensaron verse en una pantalla.
Surgieron entidades como el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, la Escuela de Ballet y el Instituto Cubano del Libro, capaces de diseminar lo mejor del arte nacional y universal. Pero apareció también para todos la luz de la enseñanza en las cartillas de las brigadas de alfabetizadores Conrado Benítez.
Hubo desarrollo intelectual junto al renacer de tradiciones, que en casos como el Conjunto Folclórico Nacional de Cuba vistió de largo la sabiduría popular, arraigada en cada barrio, al toque de un cajón o un plato y una cuchara, pero siempre inundando de gracia criolla, de fe en los mayores y el porvenir.
No todo ha sido avance y goce estético sano. Formar al hombre nuevo sigue siendo el dilema en un mundo cambiante, donde «lo más hermoso nos cuesta la vida». El arte siempre será renovador, y eso lo vuelve desafiante. La libertad para crecer necesita de alas muy responsables que no olviden que el futuro no se hace pidiendo permiso.