
«De plata los delgados cuchillos, los finos tenedores; de plata los platos donde un árbol de plata labrada en la concavidad de sus platas recogía el jugo de los asados…». Nos parece la letra de una canción, la sonora poesía satura de ritmo nuestros sentidos pero esta letra no está escrita para el pentagrama. Es el comienzo de Concierto Barroco, la afamada novela de Alejo Carpentier que describe la Venecia musical de comienzos del siglo XVIII, basada en el Moctezuma de Vivaldi.
Su pasión por lo clásico no excede su admiración por los ritmos populares. En Ecue-Yamba-O, describe de manera magistral la música popular cubana asociada a los ritos y prácticas religiosas ancestrales. El gran maestro no se conforma con hacer de ella el tema central de sus muchas obras. Logra como nadie, como nunca, reproducir las formas musicales convencionales entre sus líneas.
La sonata, el rondó, las variaciones y otras estructuras formales engrandecen La consagración de la primavera. Se materializan en constantes repeticiones, retornos de temas, campos semánticos y en la repetición insistente de varias palabras. El profesor Camilo Rubén Fernández expresó admirado: En Carpentier, los significantes cumplen la función de ser notas que se anidan en los pentagramas.
Alejo Carpentier no es solo un genio literario. Entre sus páginas leemos al compás de un ritmo misterioso que nos descubre al músico excepcional. Este escritor cubano es tal vez el mejor ejemplo de la utilización de recursos musicales dentro de la novela.
En 1926 se dedica a organizar conciertos de música nueva y presenta por primera vez en Cuba, las obras de Stravinsky, Ravel, Poulenc y Satie.
Tras su sorprendente fuga a Francia dirigirá la revista Musicalia.
La música es uno de los elementos fundamentales que vertebra la producción literaria de Carpentier y lo hace en tres niveles.
El primer nivel sería el de la temática musical que se presenta constantemente en toda su obra en su vertiente culta –un buen ejemplo es Concierto Barroco– y en su vertiente popular: Ecue-Yamba-O! describe de manera magistral la música popular cubana asociada a los ritos de la santería y otras prácticas religiosas ancestrales.
El segundo nivel sería el nivel estructural. Alejo Carpentier intenta reproducir las formas musicales convencionales en sus obras. Estas estructuras formales –forma sonata, rondó, variaciones– se pueden observar muy claramente en Concierto Barroco o en La consagración de la primavera y se materializa en constantes repeticiones y retornos en temas, campos semánticos y en la repetición obsesiva de algunas palabras. Como apunta el profesor Camilo Rubén Fernández acerca de su Concierto Barroco: Escribir un relato es como crear un concierto de Vivaldi, donde los significantes cumplan la función de ser notas que se anidan en los pentagramas
El último nivel sería el del lenguaje en su vertiente fonética. Si hay algo que caracteriza la literatura de Alejo Carpentier es ese barroquismo exacerbado en el lenguaje que se acerca en cierto modo a la poesía. Carpentier intenta crear música a través del lenguaje y cuida mucho el ritmo.
En definitiva, la obra de Carpentier no es solamente una genialidad desde el punto de vista literario. Los elementos musicales se entremezclan y se imbrican de manera genial en su obra como nunca nadie antes lo había conseguido.