
No es esta la primera vez que nuestra actual Constitución de 1976 se somete a una reforma con el fin de hacerla más funcional y eficaz como Ley fundamental de la República de Cuba.
La democracia socialista se perfecciona constantemente y se adecua a las circunstancias económicas, políticas y sociales de nuestro entorno nacional y de un mundo que cambia con extraordinaria rapidez, donde cuestiones tan importantes como las comunicaciones, han tenido grandes transformaciones en los últimos 10 a 15 años.
Para dar cumplimiento a las recomendaciones del Cuarto Congreso del Partido Comunista de Cuba, en 1992 se le presentó al pueblo cubano, para su análisis y opinión, un Llamamiento para una nueva Reforma Constitucional, calificada como la constitución para la unidad nacional.
Su contenido básicamente era el mismo de la Constitución de 1976 salvo algunas modificaciones y adiciones sobre la gestión del gobierno en provincias y municipios; se establecieron nuevas formas de elección de los delegados a las Asambleas Provinciales y de los diputados a la Asamblea Nacional, así como otras cuestiones de interés para la vida institucional del país.
Otro momento trascendental en la supervivencia de nuestro pueblo, fueron las medidas adoptadas en 1994 por la Asamblea Nacional para el saneamiento de las finanzas internas, un proceso de amplia discusión popular conocido como los parlamentos obreros, que sesionaron en más de 80 mil centros de trabajo y estudio de todo el país.
En el año 2002, los cubanos, en un proceso plebiscitario popular sin precedentes, ratificaron el contenido de nuestra Constitución y se aprobó mediante la Asamblea Nacional del Poder Popular realizar una reforma para dejar expresamente consignado el carácter irrevocable del socialismo y del sistema político y social revolucionario por ella diseñado, así como que las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con otro Estado no pueden ser negociadas bajo agresión, amenaza o coerción de una potencia extranjera.
Pasados 16 años de esa última transformación constitucional, el panorama de la Isla, del continente y del planeta en general es bien diferente.
Estamos a punto de entrar en la tercera década del siglo XXI, que cada vez va conformando más sus características peculiares que lo identifican y distinguen.
Por eso las diferentes generaciones de cubanos que convivimos hoy en este archipiélago nos disponemos una vez más a enmendar y actualizar nuestra ley de leyes, siguiendo la máxima de Fidel cuando dejó plasmado en su concepto de revolución: «cambiar todo lo que deba ser cambiado».
Esto también es una muestra de continuidad revolucionaria y ratificación del camino elegido.