Aunque en la actualidad parezca una sencillez espeluznante afirmar que la música popular cubana es una conjunción de música, canto y baile, no menos cierto que durante algún tiempo el tema fue objeto de disquisiciones teóricas no siempre exentas de polémica.
La musicóloga cubana María Teresa Linares fue una de las que ofreció su aporte al análisis del asunto y en un texto suyo muy conocido, ─ ‟La música popular‟ ─ afirmó que esta es
Música instrumental o cantada; bailable o cantable; lírica o cómica; rural o urbana; para instrumentos típicos o para los tradicionales en la orquesta o la banda. Cantos a solo o varias voces que se acompañan por piano, guitarra o diversos conjuntos instrumentales.
La diversidad de esta música está presente en la obra de Ignacio Piñeiro, líder de legendarios grupos de clave y guaguancó, integrante del Sexteto Occidente de María Teresa Vera, y fundador y director del Nacional en 1927.
En verdad, no resulta fácil, al acercarnos a la obra musical de Ignacio Piñeiro Martínez, resumir sus aspectos fundamentales. Los aportes de aquel ilustre músico habanero trascienden los empeños reduccionistas para erguirse monumental.
Helio Orovio en su ‟Diccionario de la música cubana‟ menciona una abultada lista de géneros que Piñeiro «frecuentó y en gran parte creó», entre los que se encuentran son, son montuno, guaguancó-son, canción-son, afro-son, conga, guaracha, guaguancó, canción, guajira, villancico, danzón, rumba, son-pregón, guaracha-son, rumba-son
En este breve listado se aprecia el alto grado de interinfluencias musicales que intervinieron en su producción sonera.
Referencias al toque de bembé, y alusiones a prácticas litúrgicas de la Regla de Ocha, salpican el catálogo autoral de Ignacio Piñeiro, en sones y rumbas como “Papá Ogún”, “Canto lucumí” y “Mayeya, no juegues con los santos”.
El investigador, escritor y musicólogo cubano Ricardo Roberto Oropesa Fernández, apuntó con justicia que:
La clave ñáñiga o marcha abakuá representa uno de los geniales aportes de Ignacio Piñeiro como expresión de su capacidad creadora, resultado de la asimilación del entorno socio-folclórico y síntesis del pensamiento musical de su época.
Por su parte, Cristóbal Díaz Ayala, en ‟Discografía de la Música Cubana 1925-1960‟, comentó:
Es atinente señalar que Piñeiro fue generoso en el uso de expresiones ñáñigas en sus composiciones. Es posible a esto se debiera que no fuera investido con la jerarquía de Enkríkamo, una posición importante dentro de la organización Abakuá, por haber divulgado posibles secretos de la misma.
Entre las claves ñáñigas, creadas por Piñeiro se destacan “Efiembemoró”, “En la alta sociedad”. “Cantares del abakuá” e “Iyambabero”.
Las claves ñáñigas o marchas abakuá, con la organización del Septeto Nacional Ignacio Piñeiro en 1926, comienzan a ser mezcladas con las diferentes variantes del llamado complejo de la rumba ─en especial, el guaguancó─ a la manera de sones habaneros; fórmula empleada por Ignacio Piñeiro que tantos éxitos logró entre los bailadores.
Ilustran este tramo de la creación de este prolífico autor las nombradas ‟Sobre una tumba una rumba‟;‟Cantor de bohemia‟;‟Cinturita alambre‟;‟El cocinero oreja‟; ‟Los rumberos de La Habana‟;‟A divertirse señores‟ y ‟No la llores‟entre otras.
La música campesina también está presente en la obra piñeiriana, y eso que el autor « Poco de guajiro tenía», al decir de Sigfredo Ariel.
No obstante,Piñeiro logró combinar la guajira con el son, al fundir en el ambiente vocal-instrumental del grupo sonero la morfología de esa manera de canción, con textos casi siempre ordenados en períodos octosilábicos y ambientados en paisajes campesinos: cañaverales, márgenes de río, lomas, valles, campiñas y bohíos.
Son muestras de esas fusiones entre son y guajira las piezas “Alma guajira”, “Arriba guajiro”; “Incitadora región”; “Entre preciosos palmares” y “Canta la vueltabajera‟.
Sin duda alguna, Ignacio Piñeiro fue uno de los compositores más importantes del son cubano .En total, escribió acerca de 327 números, muchas de ellos, de gran arraigo popular como “Suavecito“;“Echale salsita“;“El guanajo relleno“;“Esas no son cubanas “y “Bururúbarará“, por solo citar algunos ejemplos.
Este extenso catauro autoral hizo de Ignacio Piñeiro uno de los músicos más populares de la música popular cubana y permitió que expresiones hasta entonces marginadas recibieran un merecido reconocimiento, no solo en la escena nacional, sino universal.
De esa gratificación internacional da fe el premio recibido en 1929 en la Exposición Iberoamericana de Sevilla causando auténtica sensación la música cubana que interpretó el Septeto Nacional. Cuatro años más tarde, el galardón lo obtuvo en la Feria- Exposición de Chicago.
Se conoce además, que los acordes iniciales de “Échale salsita” pasaron a ser leitmotiv de ‟Cuban Overture‟, del prestigioso músico norteamericano George Gershwin y que estrenada en Nueva York en agosto de ese 1933, sin que el crédito del cubano apareciera por ninguna parte.
Durante la década de los cincuenta del pasado siglo, el son ‟Asturias, Patria Querida‟, de Ignacio Piñeiro, muy popular en esa región de España, se convirtió en el tema de la fiesta deportiva del Sella: En 1984 fue declarado oficialmente Himno del Principado de Asturias.
La literatura también se nutrió con los sones del fundador del Septeto Nacional. Luis Carbonell, el acualerista de la poesía antillana le comentó el investigador Ivor Miller ─ autor del ensayo titulado “Obras de fundación: la sociedad abakuá en los años noventa”─ que Nicolás Guillén , el Poeta Nacional de Cuna «…se inspiró en los sones de Piñeiro, los analizó y se dio cuenta de cómo era la cosa de la repetición, los estribillos, de cómo era el Son y cuando empezó a escribirlo, le llamó la atención a García Lorca y a todos los poetas».
A pesar de todo lo dicho y escrito sobre los aportes de Ignacio Piñeiro a la cultura cubana, existen el convencimiento de que todavía hay mucho que hurgar para revelar toda la magnitud de su magisterio.