
Los instrumentos musicales de los negros
Los negros africanos utilizaban instrumentos de percusión, formados por un conjunto de tres tambores, el mayor era el más grave. En él se ejecutaba la mayor diversidad rítmica e improvisativa y tenía una función comunicativa entre las deidades y los creyentes, los otros dos tambores ejecutaban las figuraciones más reiterativas.
Los instrumentos abarcan tres registros; uno grave, otro medio y uno agudo. El grave lo lleva el tambor iyá (batá) o la caja (abwas o bembé) donde se ejecuta un ritmo parlante, altamente figurativo, capaz de sostener una conversación que repita las inflexiones rítmico-melódicas de la lengua yorubá.
En los yorubá las ceremonias de mayor fundamento se realiza con los tambores batá, que están formados en número de tres: el iyá es el mayor, de sonido más grave; el mediano itótele, y el más pequeño el okonkule. Son tambores de dos paredes que poseen un secreto o aña. La madera con que los construyen y demás materiales son sometidos a ritos consagratorios, que se mantienen mientras se confeccionan.
Con los iyesá ocurre lo mismo, estos son cuatro tambores cilíndricos de distintos tamaños: con los parches (para tocar por uno) y en un sistema de tensión en N con tirantes transversales.
Los tambores de bembé son muy variados, desde los de gran tamaño ─de más de un metro de alto y cilindroides─, hasta tamborcitos hechos de barriles de envase. En algunas zonas los fabrican de troncos de palmas, con un solo parche y con un tamaño de medio metro de altura.
Los obwes o chequerés, son tres güiros grandes, forrados con una malla que lleva cuentas gruesas de vidrio o semillas. Estos se toman por la boca y se sacuden y golpean por el fondo del güiro.
Entre los instrumentos también existe uno que tiene tipo de maraca (atcheré) o una hoja de guataca o una reja de arado, u otro hierro para percutir en él con una varilla del mismo material.
La sonajas son muy variadas por su material, en forma y color se alude a cada santo. El que marca el ritmo con las zonajas es el akpwon.
Los tambores batá
El instrumental de los bantús está formado por tres tambores de duelos rectos (en forma cónica invertida, con un cuero clavado, para tocar sentado, ladeándolos un poco. A estos tres tambores (ngoma, colectivamente) se le añade una reja de arado o una guataca.
Los grupos de antigua procedencia bantú utilizaban el instrumento llamado kinfrutí, el cual consistía en un tambor con un palo sujeto por una soga al centro del parche y por la parte interior, por donde se fricciona rítmicamente con ambas manos.
Los tambores yuka, son tres de gran tamaño, hechos de tronco de árbol, (principalmente de aguacate).
Los de conga son aquellos viejos tambores de duelos, quienes son los que acompañan a las comparsas de los carnavales, donde se expresan las viejas tradiciones de fiestas procesionales.
Los instrumentos carabalíes o abakuá
Los instrumentos musicales de los abakuá están formados en dos órdenes: uno lo forman tambores simbólicos en los que no se ejecuta música, sino algunos golpes o sonidos frotados, con una función simbólica. Éstos son el empegó, el ekueñon, el encríkamo, el seseribó y el ekué. Este último se ejecuta frotando una varilla de güin que se apoya en su parche produciendo una especie de bramido.
El segundo orden se compone de cuatro tambores, Bonkoenchemiyá, bionkomé, obi-apá, y kuchiyerema; también por un cencerro (ekón), dos palos percutientes (itones), y dos sonajas (erikundi).
Los cantos de los negros
Los cantos de los diferentes grupos eran en su mayoría dirigidos a las divinidades o a las personas (cantos de puyas) o los que recuerdan sucesos notables.
Estos cantos reproducen la vieja estructura alternante de solo-coro. El solista se llama akpwon (especie de relator) al que responde el coro. Esto se practica con sumo cuidado. Estas costumbres se han ido perdiendo y asimilando palabras castellanas.
En los cantos de los grupos bantú se repite la misma forma de solo-coro. Al solista se le nombra gallo y al coro vasallo.
Los cantos de los abakuá son siempre alternantes entre un solista y el coro.
Una característica es que tienen cantos para cada una de las funciones rituales.
Consideraciones
Como se puede apreciar, hemos querido hablar sobre los orígenes de la música afrocubana, que surge desde los barracones de los negros esclavos y ha permanecido conservada por la tradición hasta nuestros días, con los cambios lógicos, pero no en la esencia, sino en el aspecto externo, ya melódico, ya rítmico.
Parte de la riqueza de nuestra cultura musical nace precisamente en aquellos tinglados, donde los negros cautivos no sólo hacían oír su voz en un curioso sincretismo de costumbre y religión que llega hasta el presente, enriqueciendo nuestra música popular y otras obras artísticas de relevancia, como la pintura de Wifredo Lam y la poesía de Nicolás Guillen.
Conjunto Clave y Guaguancó - "La Voz Del Congo":