
Venerado y atacado con igual vehemencia, oriundo de Bemba, Jovellanos, poblado de Matanzas, donde el ancestro africano dejara profundas huellas, Gilberto Valdés es una figura con la cual hay que contar a la hora de hacer el recuento de la música en Cuba.
Discípulo del maestro Pedro Sanjuán (1887-1976) pero fundamentalmente autodidacta, al componer este inquieto matancero captaba «con singular verismo, la vena melódica y rítmica afrocubana». Entre sus creaciones se hallan "Bembé", "Ecó", "El botellero", y "Ogguere", que Bola de Nieve dijera en su particular estilo. La contralto puertorriqueña Ruth Fernández también hace una magistral interpretación de "Ogguere".
Aunque no fue el único en hacerlo, cabe destacar que Valdés incorporó los tambores rituales batá (ikónkolo, itótele e iyá) a la orquesta sinfónica. En un trabajo serio destinado al sello Montilla, a fines de los años cincuenta dirigió a la Orquesta de Cámara de Madrid. Aquel disco de larga duración instrumental, lanzado comercialmente bajo la denominación de Cuban ballet (FM 92), contenía seis de sus composiciones, a saber: "Tambó", "Baró", "Guaguancó", "Mi rumba", "Ballet cubano", y "Yo vengo de Jovellanos", homenaje del autor a su pueblo natal, a sus raíces.
«Nunca me conmovió tanto África, como escuchando a Gilberto Valdés», expresó André Damaisón, escritor y africanista francés.

A principios de los años cuarenta Valdés tuvo un bello gesto. A petición del bardo, que se hallaba convaleciente en el sanatorio La Esperanza, el maestro, con un trío de voces y una orquesta de 25 músicos, hizo un arreglo de "Santa Cecilia", composición antológica de Manuel Corona. Al complacer al trovador de Caibarién, Valdés brindaba, asimismo, una formidable página de la música cubana.
Pero más allá de todo esto, hermoso e imprescindible, el estupendo músico también dejó huella en el viejo cine cubano, aunque de la misma manera se dice que algunas de sus composiciones integraron una que otra película norteamericana.
En 1938 su música formó parte del filme Sucedió en La Habana, que dirigió Ramón Peón y en la que actuaron, entre otros, Rita Montaner, Garrido y Piñero, María de los Ángeles Santana y el trovador Guyún (Vicente González Rubiera). En esta película, Valdés aporta el tema inicial, "Rumba abierta", de cuya letra también fue autor. Rita Montaner por su parte, mientras al fondo se movían bailarines, cantaba su bembé litúrgico "Sangre africana", secuencia con coreografía de Pablo Duarte, y en la cual el compositor dirigía la orquesta. Sucedió en La Habana se estrenó en Radio Cine el 6 de julio de 1938.
En El romance del Palmar, rodada ese mismo año también bajo la dirección de Peón, figura la música de Valdés, concretamente "Yo vengo de Jovellanos". La película, con Rita Montaner a la cabeza del reparto, resultó entonces, tanto en Cuba como en el extranjero, un éxito de taquilla.

Un año después, en 1939, vuelve a escucharse su música en el cine, esta vez en el filme Estampas habaneras, de Jaime Salvador, que reúnen su elenco a Garrido y Piñero, Alicia Rico y María de los Ángeles Santana. Estrenado el 10 de mayo de 1939 en el cine Payret, marcó el debut en pantalla de la rumbera Blanquita Amaro.
En general, como ha podido apreciarse, el trabajo para cine de Valdés tuvo que ver especialmente con el largometraje de ficción¹. Sin embargo, en su escasa filmografía aparece asimismo un corto con arreglos musicales suyos. Éste es Mis cinco hijos, producido a principios de los años cuarenta por la cerveza Polar y dirigido por Ernesto Caparrós.
Podemos concluir que la obra musical de Gilberto Valdés, tanto para el cine como en general, se distinguió por su afán de integrar a la misma una raíz folklórica sin desnaturalizarla.

Nota
¹ Al comenzar las celebraciones del centenario del cine en Cuba (24 de enero de 1995) pude ver en el Payret Mi tía de América, película cubana de 1938. Con gran alegría comprobé, in situ, que su música también fue compuesta por Gilberto Valdés.
Bola de Nieve interpreta "Oggere" de Gilberto Valdés: