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El 9 de junio de 2002 es un día muy triste para la música cubana, marcado por el fallecimiento de Elena Burke, una excepcional cantante que dejó un impresionante legado de sensibilidad, profundo sentimiento y extraordinaria voz que es estudiado por las nuevas hornadas de artistas empeñadas en aprehender las esencias de este mito de la canción.
Nació Elena el 28 de febrero de 1928 en la capital de la Isla y siendo una niña se enamoró de la música y comenzó a cantar. Su primera devoción fue por el tango, y ya en 1940 canto el célebre “Caminito” en la radioemisora CMC, para tres años después presentarse en La Corte Suprema del Arte y resultar premiada junto a Rosita Fornés. A partir de ese momento cantó en la radio y otros escenarios con artistas del calibre de Dámaso Pérez Prado y Frank Fernández, quienes la acompañaron al piano.
Integró el cuarteto de Orlando de la Rosa, una verdadera constelación de estrellas, luego formó parte de diversos proyectos, todos de gran éxito, recorriendo Estados Unidos, México y los mejores escenarios de Cuba. En 1952 fue una de las fundadoras del mítico cuarteto D’Aida, que hizo época en el universo musical insular.
La década del 60 le trajo la consagración definitiva. Canta en los festivales internacionales de Málaga, España, y de Viña del Mar, en Chile. Realiza giras por diversos países europeos y participa en la clausura, en 1964, del Festival Cinematográfico de Cannes. En el año 1965 actuó en el teatro Olimpia de París, un templo de la canción mundial, y en los meses y años siguientes participa en diversos eventos internacionales en Polonia, Bulgaria, Canadá y México. En los 70 actúa en Japón, Estados Unidos y Canadá.
En todos estos años y escenarios Elena Burke fue una primera figura que actuó junto a artistas de la enorme talla de Ray Charles, Judy Garland, Pedro Vargas, Libertad Lamarque, Nat King Cole, Edith Piaf, Sara Vaughan y otros.
En Cuba era amada por el público y por sus compañeros. Intérprete genial del feeling, ya enferma de cáncer continuó durante sus últimos dos años de vida ofreciendo su música al pueblo que la seguía. En ese período actuaba los viernes de cada semana en El Gato Tuerto, ofreciendo memorables conciertos llenos de ese sentimiento grande que le impregnaba a la canción, intercalando sus interpretaciones con las de su amigo Cesar Portillo de la Luz, otro grande del arte cubano.
Aquel fatídico 9 de junio Elena se despidió de todos los que la amaban pero nos dejó su música y esa forma de hacer arte que nunca olvidaremos.
Excelente artista. Es de las mejores voces cubanas. Lamentable pérdida.
ResponderExcelente artista. Es de las mejores voces cubanas. Lamentable pérdida.
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