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El Mayor: una canción que resucita a la distancia de los años

Fecha de Publicación: 2018-05-28 16:50:34


Silvio Rodríguez, trovador cubano

 La atmósfera de aquella velada solemne aún estremece, como si se oyese el relinchar de los caballos y el toque de las cornetas llamando a la carga.

 Un memorable discurso del Comandante en Jefe Fidel Castro, en la Plaza de San Juan de Dios, Camagüey (poco más de 537 kilómetros de La Habana), trajo a la vida al mayor general Ignacio Agramonte Loynaz, a un siglo de su caída en combate, en los potreros de Jimaguayú, hoy municipio de Vertientes, en tierras camagüeyanas.

Otro hecho contribuyó a perpetuar la imagen de Agramonte para las actuales y futuras generaciones: la canción ‟El Mayor‟, compuesta y cantada por primera vez por Silvio Rodríguez en la memorable velada.

El trovador la compuso respondiendo a una solicitud de Giraldo Mazola Collazo, primer presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), que en aquel entonces intervino en la organización del acto conmemorativo por el centenario de la muerte de Agramonte. Fue una feliz coincidencia, porque desde hacía años, el cantautor se sentía en deuda con el héroe: «…yo llevaba años pensando que le debía esa canción».

Silvio agregó: «De los patriotas que estudié en primaria, Agramonte siempre fue uno de los que me atrajo, porque su historia se enseñaba ligada a los aspectos de su vida personal, humanización que hace más atractivo al héroe, porque al bajarlo a tierra nos identificamos con él más fácilmente».

Una vez dispuesto a escribir la canción, Silvio emprendió la tarea de prepararse para ese compromiso, un hábito en él cada vez que se trataba de componer una obra dedicada a un héroe. «Me sumergí en la historia de la Guerra de los Diez años, de Ramiro Guerra y en otros libros», confesó el trovador.

Cuando faltaba una semana para el acto, el autor tenía escrito algunos bocetos de canción pero ninguno le convencía. Preocupado por la posibilidad de incumplir con el compromiso decidió sentarse y escribir otro. Fue así que nació ‟El Mayor ‟, de principio a fin, tal y como se le conoce hoy.

El mismo día que escribió  la canción, Silvio tuvo que hacerle el arreglo, porque al día siguiente debía grabarse con el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC  y enviarse a la provincia sede del homenaje.

Dos fechas más tarde, el trovador recibió la noticia de que debía tomar un vuelo para Camagüey, porque iban a interpretar la canción en el acto. El asombro fue mayúsculo, porque suponía «que la canción era para usarla de fondo, nunca para cantarla en vivo».

En el momento de su estreno, emocionado, Silvio Rodríguez explicó:

Esta canción que voy a cantar, la compuse para conmemorar el centenario de la caída de unos de los próceres de nuestra independencia, uno de los próceres más eminentes. Él era un hombre muy joven cuando murió, pero por su talento excepcional, tanto militar como político llego a ser el segundo al mando de la primera revolución, del primer levantamiento en armas que hubo en Cuba en 1868 contra el colonialismo español. La canción pretende ser una especie de recorrido por su vida, y puedo agregar que sus compañeros de armas le llamaban cariñosamente, como se llama la canción: El Mayor.

Cinco años más tarde,  en un recital en Estados Unidos en 1978, Silvio comentó: «Está dedicada a la memoria de Ignacio Agramonte, el mayor general de nuestras primeras guerras de independencia. Cayó muy joven y aun así, por sus méritos militares y políticos, ya era uno de los ejes fundamentales de la revolución».

Otros gratos recuerdos guarda el compositor de este momento solemne. Por ejemplo, una semana después del estreno, se encontró con  Armando Hart  quien le recitó la canción que había salido publicada en el periódico Granma. Pero eso no fue  todo, Hart le dijo que Fidel también se la sabía.

No fue fácil para Silvio componer esta obra. La consulta de numerosos documentos históricos durante un largo tiempo, le permitió esculpir en el pentagrama la estatura moral y política del fundador de la caballería camagüeyana, al que en los textos escolares también llamaban ‟El Bayardo‟ y la literatura burguesa prerrevolucionaria nombraba como ‟Washington cubano ‟.

Unas glosas someras al texto de la canción, permiten subrayar algunas facetas de la trayectoria del héroe y del contorno  socio-histórico en el que se desenvolvió.

Al decir  «El hombre se hizo siempre /de todo material, / de villas señoriales / o barrio marginal. / Toda época fue pieza / de un rompecabezas, / para subir la cuesta del gran reino animal. / Con una mano negra y otra blanca mortal». Se aludía al abigarrado mosaico social y racial que formaba la población cubana, con dos componentes étnicos fundamentales: el blanco europeo y el negro africano.

La «mano blanca llamada mortal», porque se superpuso a la mano negra a través de la violencia;  una referencia clara a la dominación y explotación racial de la época.

Entre los  «mortales ingredientes que armaron al mayor»; se menciona  «la luz de terratenientes / y de revolución», ya que Agramonte  procedía de una familia criolla ilustre y rica que representaba al ala radical de la incipiente burguesía cubana y a la que le correspondió asumir el rol de vanguardia revolucionaria. 

En otro pasaje de esta pieza musical se canta a «Amalia abandonada por la bala, / la vergüenza, el amor». Se trata de su esposa Amalia Simoni Argilagos, culta principeña a quién consideró su ángel idolatrado.

Se agrega «un fusilamiento, un viejo cuento / modelaron su adiós». Este último verso se basa en la hipótesis de que el niño Ignacio Agramonte Loynaz mojara su pañuelo con la sangre de los cadáveres de cuatro patriotas ejecutados por la metrópolis española en la sabana de Beatriz Méndez. El mito añade que con ese gesto Agramonte, con solo nueve años de edad, sellaba un compromiso con la memoria de los mártires de la sabana de Méndez. 

Otras versiones señalan que fue un extranjero anónimo quien mojó su pañuelo con la sangre de Agüero y que después dialogó con el pequeño Ignacio sobre lo que significaba la sangre derramada por la libertad; entonces el niño le expresó el deseo de conservarla. El forastero apretó su pañuelo al del infante  para marcar en él también la huella de la sangre generosa.

Elda Cento Gómez, Premio Nacional de Historia 2015, calificó de leyenda esta historia, pero lo consideró «un símbolo hermoso que indica que el recuerdo de Agüero se integró con el aire, con el viento y el agua de Cuba».

El Mayor trota ─según Silvio─ «seguido por un mar / de negros en machete / y sin encadenar». En efecto, en la tropa agramontina, principalmente de caballería, marchaba un numeroso grupo de antiguos esclavos recién liberados.

Sin olvidar que nuestro hombre, desde sus años de estudiante, manifestó sus ideas abolicionistas y que en la manigua, el 26 de febrero de 1869, la Asamblea de Representantes del Centro, constituida este día en Sibanicú, Camagüey, por los insurrectos en esta región, dispuso la abolición total de la esclavitud en una ley que se comenta redactó Ignacio Agramonte.

Como un detalle adicional para una cabal apreciación de esta línea del pensamiento y acción del abogado-mambí, conviene atender a lo que dijo años más tarde el patriota Manuel Sanguily sobre este decreto: «La más decisiva conquista de aquella década olímpica.».

A 145 años de su caída en combate, el Mayor resucita y con él, la canción escrita por Silvio Rodríguez, que cumple ahora 45 años de creada.

 

En video: Silvio Rodríguez interpreta “El Mayor”:

 
 



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