
Decía Pérez Prado que el mambo es una palabra cubana, que se usaba cuando la gente quería decir cómo estaba la situación: si el mambo estaba duro era que la cosa iba mal… «Me gustó la palabra… Musicalmente no quiere decir nada, para qué le voy a decir mentira. Es un nombre. Hasta ahí nomás».
Aunque mucho se ha discutido sobre la verdadera paternidad de este ritmo, lo cierto es que Dámaso Pérez Prado (Matanzas, Cuba, 1916-México, 1989) fue, es y seguirá siendo, más allá de su leyenda, El rey del mambo. Desde mi infancia admiré mucho, muchísimo, a este genial «chaparrito con cara de foca», como dice Benny Moré en una de sus conocidas grabaciones.
Pianista, compositor y director de su propia orquesta, con la cual recorrió durante años el mundo entero, Pérez Prado, apoyándose en el Plan Falcón, estudió piano clásico en su provincia natal; además, llegó a dominar el órgano, así como a conocer un poco de saxofón, la trompeta, la tumbadora y la batería.
Creador también del dengue¹, en el conjunto de su obra sobresale, tal vez como lo más ambicioso e importante que hizo, "La suite de las Américas", compuesta en Nueva York a fines de los años cincuenta.
Pérez Prado llegó a México en octubre de 1949. Ahí grabó, para la RCA Víctor, "Mambo número cinco" y "Mambo, qué rico mambo", los números que, según sus propias palabras, «abrieron la brecha». Al respecto, confesó:
Un cantante cubano (Kiko Mendive) al que le hacía los arreglos venía a México y me dijo que mi porvenir estaba aquí, porque se hacían muchas películas y había trabajo abundante. Así fue como vine. Mendive me presentó a Ninón Sevilla, que me brindó su casa y yo le hacía los arreglos de sus películas. ²
Coqueta (1949), de Fernando A. Rivero, representó el debut de Pérez Prado en el viejo cine mexicano. En este filme tuvo a su cargo la dirección musical de los bailables, y con "Maravillosa" y otros mambos, Ninón apareció como la reina del cabaret inventado por el melodrama de aquella época. Más tarde vendrían Perdida, Aventurera y Víctimas del pecado, filmadas en los estudios Churubusco. Todas contaron con arreglos o composiciones de Pérez Prado.
La década de los cincuenta, a pesar del bolero y otros géneros, pertenece por entero al mambo. El cine mexicano lo tomó muy en cuenta. No desaprovechó su popularidad, antes bien, la reafirmó.
Mambos como "El ruletero", "Mambo universitario", "Mambo número cinco", "Mambo del papelero", "La chula linda", "Mambo latino", y "Caballo negro", en el apogeo del fabuloso ritmo sincopado, se dejan escuchar en películas como Las tres alegres comadres, Serenata en Acapulco, Amor perdido, Del can can al mambo y México nunca duerme, mientras que "Mambo, que rico mambo", el himno de la nueva sonoridad, se reitera en una sucesión de títulos durante esta década.
Amalia Aguilar, Lilia Prado, Lilia del Valle, Rosa Carmina, Meche Barba, actrices y bailarinas todas, fueron protagonistas de muchas de estas películas, virtualmente inundadas por el sabroso y contagioso ritmo; entre ellas destacan Las interesadas, Al son del mambo y Los huéspedes de la marquesa.
También por aquellos años un conocidísimo mambo de Pérez Prado, "La niña popoff", dio título a una película dirigida por Ramón Pereda y protagonizada por María Antonieta Pons, mientras que en Dancing o Salón de baile (1951) se produjo en pantalla una fogosa competencia entre Gonzalo Curiel y su Escuadrón del Ritmo y Pérez Prado y su inigualable orquesta.
Habría que decir, además, que las Dolly Sisters, unas bellas jimaguas cubanas que bailaban mambo frenéticamente bien, aparecieron en algunas películas de aquel decenio, por lo regular melodramas en los que la música no podía faltar, y que tuvieron como protagonistas a Ramón Armengod, María Elena Marqués y otras cotizadas estrellas latinoamericanas del momento.
En 1956 Pérez Prado dio un salto a Hollywood y apareció con su orquesta, compuesta de tres trompetas, tres trombones, tres saxofones, un bajo eléctrico, una tumbadora, bongoes y baterías, en Cha Cha Cha Bom, película de la Columbia Pictures, del realizador Fred F. Sears, quien ya había dirigido Rock Around the Clock. Un año antes, una versión de Pérez Prado de "Cherry Pink and Apple Blossom White" ("Cerezo rosa") formó parte de la banda sonora de Underwater (La sirena del Caribe), de John Sturges, filme protagonizado por Jane Russell.
Pero "Patricia", más tarde también incluido en una película de 1960, ocupa lugar especial en la obra de Pérez Prado. A Federico Fellini le atrajo este delicioso mambo, interpretado al órgano, y no vaciló en utilizarlo en la célebre secuencia de La dolce vita, donde Nadia Gray hace un strip-tease.
A mediados de los sesenta, Pérez Prado continuaba siendo de interés para el cine. Hasta entonces su música ya se escuchaba en cerca de 40 largometrajes. El dengue del amor (1965) es el último de los títulos de que tenemos noticia. Aunque el filme se recreaba en su nuevo ritmo, el dengue, y trataba de imponerlo, era ineludible en él, todavía, la presencia del mambo. En esta comedia musical, con Pérez Prado, Resortes y Chachita (Evita Muñoz), junto a los dengues vibraban el "Mambo número 8" y, especialmente, "Patricia", pieza que tal vez marque una transición en el conjunto de la obra del genial músico.
Más entonces, después y siempre, sobre todo en México, el escenario de sus grandes éxitos, su público, como apunta Emilio García Riera, le exigía, inevitablemente, «una suerte de servidumbre perpetua al ritmo que lo hiciera famoso: el mambo».
NOTAS:
¹ Dengue: Modalidad musical cubana, creada por Pérez Prado a inicio de la década del sesenta, que continúa la línea estilística suya, proveniente del mambo, con raíces en la guaracha-son, incluidos elementos de la música conga, según apunta Helio Orovio en su Diccionario de la música cubana.
² La repercusión internacional del ritmo propició que ya en 1954 Robert Rossen dirigiera Mambo, una coproducción norteamericana-italiana en cuyo elenco figuraron, entre otros, Silvana Mangano y Vittorio Gassman. Por otra parte, una famosa novela (Premio Pulitzer) del cubano Oscar Hijuelos tuvo su versión cinematográfica en Los reyes del mambo (Estados Unidos, 1992) de Ame Glincher. En Gatica "El mono" (Argentina, 1993), de Leonardo Favio, hay música de Pérez Prado. El célebre Almodóvar no quiso quedarse atrás y, admirador del genial matancero, durante muchos minutos enriqueció con su música la banda sonora de Kika (1993).
En el siguiente video Lilia Prado baila "Mambo, qué rico el mambo":