
Las horas inciertas de quienes tuvieron tantas pérdidas luego del espantoso tornado que arrasó a La Habana este 27 de enero se han vuelto menos tristes gracias no solo a las urgentes medidas de nuestro gobierno revolucionario para que nadie quede desamparado.
Las calles que conocieron a José Martí amanecieron en el aniversario 166 de su natalicio abruptamente castigadas por el fenómeno meteorológico y ahora reciben a cientos de personas que quitan escombros, arreglan redes eléctricas y telefónicas, hacen transitable cada camino, aunque el paisaje no pueda ser igual al del instante anterior al paso del tornado.
En Guanabacoa, por ejemplo, junto a cada solución habitacional temporal para los que perdieron sus inmuebles y la certeza de que las nuevas viviendas se levantan ya en la antigua villa capitalina, no ha faltado la mano cálida que trae el decoro de un pueblo solidario para contribuir a la recuperación rápida de la vida en la comunidad.
Contingentes laboriosos llegan de diferentes rincones de la ciudad y de la isla toda a borrar las huellas de la horrible pesadilla y continuar tejiendo puentes de unidad patriótica, de humanismo, de hermandad sincera para pintar de alegría los rostros marchitos por el llanto y el dolor.
Si bien es cierto que muchos que no fueron afectados por el impacto del monstruoso torbellino se sienten abatidos por tantas horas sin servicio de electricidad y agua en sus hogares, también lo es que ellos mismos han multiplicado las iniciativas para ayudarse entre todos y resistir desde la esperanza y la búsqueda de soluciones dentro de lo humanamente posible.
Con todos y para el bien de todos fue el legado del Maestro, el mismo que hacen firmes trabajadores por cuenta propia como los de la cooperativa el Vicky de Centro Habana con su aporte de alimentos gratuitos para los que perdieron sus pertenencias.
A ellos tampoco les faltan cuidados esmerados en entidades estatales como la Casa de Cultura de Guanabacoa, la residencia estudiantil Lázaro Peña y la Casa de los Abuelos del reparto Debeche, mientras el espíritu sonríe porque las manos se extienden para ayudar con bolsas cargadas de ternura que sorprenden con ropas limpias y en buenas condiciones, agua embotellada y distintos productos necesarios en estos momentos.
Y goza el alma con las agrupaciones de Papucho y Manana Club, Juan Guillermo, Maikel Blanco, Azúcar Negra y la lista de músicos y artistas cubanos brindando donaciones que se extiende, entretanto el dúo Buena Fe reprograma su canto vital y los miembros de la Asociación Hermanos Saiz se unen a las labores de saneamiento.
El dolor y el espanto de la noche del 27 de enero de 2019 quizás no se borren fácilmente, pues como un taladro diabólico el tornado abrió un surco enorme por donde anduvo y arrastró consigo las horas de sacrificio y amor de miles de vecinos de esta ciudad que ya celebraba su aniversario 500.
Una Habana gris recordó al Apóstol este 28 de Enero y con su ideario como mejor refugio en el mismo liceo donde alzara su verbo brillante y patriótico, se resguardan los damnificados y se les canta no solo la mejor música de profesionales y aficionados de Guanabacoa, también esa melodía infinita que ensancha el alma para que la solidaridad cure cualquier desgarradura.
Instructores de arte, especialistas, promotores, proyectos comunitarios se erigen guardianes de estas horas en las que una niña sin casa pinta círculos raros para perpetuar el fragmento extraño que la golpeó en su cabeza pero no logró perturbar su capacidad de soñar y amar.