
Uno de los rasgos que identifican la idiosincrasia del cubano es, indudablemente, ese juego con el doble sentido, esa manera de “decir sin decir”, de insinuar sin afirmar, que, por lo general, viene matizada con una buena dosis del más raigal humor criollo.
Muchos coincidirán, de seguro, en que, entre los más auténticos representantes del doble sentido, sobresale Faustino Oramas, conocido como El Guayabero, una especie de juglar que, por décadas, recorrió, con sus pícaras canciones, las calles y plazas de la isla.
El Guayabero, rey del doble sentido (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2016, 200 pp) es el título, precisamente, del libro que firma Zenovio Hernández Pavón, pensado –y creado— con el propósito de develar la personalidad del autor, entre otras composiciones, de Como baila Marieta.
Sustentada en una amplia investigación, tanto en fuentes documentales como testimoniales, esta obra se abre con un acercamiento, narrado cronológicamente, a la vida de Faustino Oramas, desde su nacimiento, en Holguín, en 1911, hasta su desaparición, en esa propia ciudad, en el año 2007.
Casi una treintena de voces –algunas especialmente convocadas para este volumen— se encargan, desde diversas perspectivas, de recuperar anécdotas, memorias, remembranzas, que permiten una nueva mirada a quien conquistó los aplausos de varias generaciones.
Uno de esos textos pertenece al narrador y periodista Leonardo Padura Fuentes, quien, en las páginas de la revista Cuba Internacional, en septiembre de 1988, reflexiona así sobre El Guayabero:
Como los juglares (…), Faustino Oramas va cantado la crónica de nuestra vida cotidiana. Para ello cuenta con su voz potente, unos octosílabos inmejorables y el criollísimo humor del doble sentido, atributos que lo han hecho famoso y hasta imprescindible en la abultada memoria de la música popular cubana.
(…)
Y, como juglar al fin, El Guayabero vive y disfruta la bohemia. Con el tres debajo del brazo, siempre está dispuesto a cantar en escenarios o parques, en bares o bateyes, dondequiera que haga falta la alegría, porque Faustino Oramas es la alegría de su música, y su público son todos los habitantes de esta, su ínsula querida y natal.
Junto a esos testimonios –de familiares, músicosy otros intelectuales de Cuba y del mundo—,aparecen diversos materiales que enriquecen la entrega, como la discografía de El Guayabero, letras de sus canciones, fechas de su biografía, fotografías y entrevistas y comentarios aparecidos en la prensa.
Investigador, promotor y realizador radial, Zenovio Hernández Pavón (Báguano, Holguín, 1959) ha publicado, como autor o coautor, entre otros títulos, La música en Holguín, Orquesta Avilés, centenaria y mambisa y A Puerto Padre me voy… Tuneros en la música cubana.
El Guayabero, rey del doble sentido no es el único libro que merece el singular juglar, quien logró, por fortuna, grabar algunos discos, actuar en escenarios de otras latitudes y escuchar versiones de sus composiciones por solistas y agrupaciones de dentro y fuera de la isla.
Podrán publicarse –y ojalá así sea— nuevas obras que develen otros pasajes del creador de En Guayabero;mas, a este libro de Hernández Pavón, habrá siempre que agradecerle un primer acercamiento a ese juglar que no dejará de llegar, donde haga falta la alegría, para cantar la crónica de la vida cotidiana cubana.