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El comercio de las victrolas

Fecha de Publicación: 2018-08-01 10:07:56


VictrolaAlgunas victrolas pertenecían a los dueños del comercio y los disqueros les vendían más baratos los discos. También había negociantes que tenían varias victrolas colocadas en bodegas y bares. Más adelante esos victroleros se fueron asociando con el objetivo de convertirse en productores y promotores.

Por su parte, el cantante Frank Hernández, que también fue vendedor de discos, explica que atravesaba la Isla vendiendo los discos más reclamados. Algunos de la firma Maipe, con Orlando Contreras, Caridad Cuervo y Leo Castañeda. «Los discos costaban 1.25 y a veces la demanda era tan fuerte que yo los revendía hasta en diez pesos. Yo me colaba en todas partes, hasta en los prostíbulos que tenían victrolas.  El monopolio de las victrolas lo tenía Arturo Machado con el asesor Tito Garrote».

Senén Suárez aclara que Tito Garrote era empresario, agente de artistas de Cuba y el exterior. «Todo lo controlaba desde su casa, tenía un dominio total de la farándula. Era un gordo de armas tomar, por algo le decían Tito Garrote».     

El Artículo VI del Decreto 2307, firmado por Lázaro Peña, plantea que «por cada uno de estos aparatos que se instale, será obligatorio emplear por lo menos un conjunto de músicos y trovadores cubanos». La falta de exigencia de las autoridades que debían velar porque se cumpliera el Decreto 2307 y la actitud de algunos músicos que tenían resuelto trabajo, permitían la utilización de las victrolas. Por fin, el 5 de enero de 1945 por la Resolución No. 2139, del Ministerio de Gobernación, se prohibía el funcionamiento de los aparatos de música mecánica siempre que ello fuera en perjuicio del músico¹.

Las organizaciones sindicales a través de sus publicaciones realizaron una gran campaña para que los músicos no permitiesen en sus lugares de trabajo la utilización de las victrolas traga níquel. Existe una simpática anécdota sucedida en La Bodeguita del Medio y me la contó el animador Felito Ayón:

En el auge de La Bodeguita, el dueño Ángel Martínez pensó en la conveniencia de situar una Victrola, para estar en la onda mecánica. Nos consultó la idea, le dijimos «No lo hagas, te la romperemos»; la música tradicional acústica hay que protegerla. A Carlos Puebla, los tríos, los trovadores. Ángel se atrevió a poner la victrola y Mario Kuchilán y yo al escuchar la estridente música, tornamos dos niples y rompimos los cristales del artefacto mecánico. Cuando llegó el dueño, le dijimos: «Tu quisiste que fuera así, te lo advertimos»².

La Panart crea los departamentos de discos en tiendas como Sears y Encanto, entre otras, costeados por la disquera cubana. El negocio se va abriendo paso, ya no hay que esperar meses para que el artista empiece a sonar en la radio después de la grabación. Se hace todo un trabajo de marketing, mejores impresiones. Se inaugura una nueva y moderna fábrica en la avenida de Rancho Boyeros, en 1952, para grabar discos LP de 33 rpm y chicos (single) de 45 rpm. Enrique Jorrín decía que con la venta de "La engañadora", su gran hit del cha cha chá , la Panart produjo una fábrica de discos.

La Panart llega a producir medio millón de discos y logra ventas de dos millones al año. El 20 % de la producción se exportaba. Se mantiene el mercado de 78 rpm y 45 rpm. Se montan nuevas máquinas para diseñar portadas en colores. Ventas más baratas, mayor calidad. (Cristóbal Díaz Ayala).

Las victrolas vuelven de nuevo, ahora con discos compactos (CD), aunque no olvidamos aquellas victrolas con su sonido de scrach, con aquella atmósfera del barrio, del ambiente callejero. Yo todavía tengo grabado en mi mente aquellos boleros soneados, sabrosos, de Panchito Riset, la voz de terciopelo de Lucho Gatica, los hit duros de la Aragón y el inconmensurable Benny, lo más grande. Y aquel numerito de Ernesto Bonino: "El teléfono", ó aquel bolerón de Gilberto Randal. (Güira de Melena) que cantaba: «En este loco mundo, yo soy un loco más».

Para que se tenga una idea de la proliferación de las victrolas, en 1954 se contaban diez mil. Y llegaron a existir alrededor de treinta mil en toda Cuba. La novedad del hit llegaba casi al momento, la música moderna se difundía doblemente: A través de la radio, o de la victrola.

Las victrolas tenían un duro efecto psicológico publicitario callejero y popular. Estaban en casi todas las bodegas de cada barrio y en el lujoso cabaret. Impulsaba al artista, lo obligaba a ser más creativo, nuevo, distinto y original para competir fuertemente. Roberto Espí y Roberto Sánchez contaban que en los salones bailables iban los productores de disco a observar cuál era el hit del momento para sacarlo imprimirlo rápidamente al disco.     

El investigador Jorge Calderón tiene un libro titulado La música detrás del mostrador, donde recuerda las vivencias de su etapa de vendedor de discos:

Desde 1956 a 1961 trabajé de dependiente en La Estrella, entre Galiano y San Rafael, entre la tienda Le Trianón y La Moda. Vendía discos Gema, Puchito, Montilla, Kubaney, Cápitol, Panart, Velvet. Cuando aquello no se hacía presentaciones de discos, aunque a veces el artista visitaba la tienda y firmaba discos y eso lo vemos mucho en la revista Bohemia. Ernesto Duarte proponía sus grabaciones; cada sello tenía su vendedor con sus muestras. Asistía un público heterogéneo. Siempre la música cubana estaba a la par de las extranjeras. El público no estaba tan colonizado; siempre existió un público amante de lo nacional.

NOTAS:

¹ Alicia Valdés, El músico en Cuba. Editorial Pueblo y Educación, 1988, p. 66.

² Rafael Lam, La Bodeguita del Medio. Editorial José Martí, La Habana, 1994.



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