
A mediados de 1896, los camarógrafos franceses Gabriel Veyre y Claude Ferdinand, introdujeron el cinematógrafo, la fabulosa invención de los hermanos Lumiére, en la ciudad de México; poco después, el 14 de agosto de aquel mismo año, se ofrecía la primera función pública y, casi desde entonces, simultáneamente, comenzaría la producción de películas. Todo parece indicar que El automóvil gris (1919), de Enrique Ross, fue la obra más sobresaliente del período silente en el hermano país.
Cuando el cine dejó de ser mudo e incorporó el sonido, se hizo patente la necesidad de adicionar la música, como parte esencial del discurso, la cual, hasta entonces, se había difundido a través de la radio y los discos, aunque también resulta justo y válido agregar que, tanto en Ciudad México, como en La Habana, grandes artistas, como llegarían a ser Agustín Lara, Ernesto Lecuona, Bola de Nieve e Isolina Carrillo, por ejemplo, en sus comienzos, para ganarse el sustento, tocaron el piano, en las tandas o funciones de los cines, acompañando las imágenes silentes que se proyectaban en la pantalla..
México, país de grandes compositores, supo y pudo llenar, con verdadera facilidad, las exigencias que imponía aquella feliz transición, producto de la revolución tecnológica en la industria cinematográfica, y Santa (1931), la primera película sonora del cine mexicano, se inspiró en el conocido bolero, de igual título, de don Agustín Lara, El Flaco de Oro.
En Santa, en la actualidad devenido clásico recuperado, Carlos Orellana, su principal intérprete masculino canta:- «Aparta de mi senda todas las espinas, / alienta con tus besos mi desilusión. / Santa, santa mía, / alumbra con tu luz mi corazón…». Santa, además, significó la consagración de Lupita Tovar.
En video: "Santa", del gran compositor de boleros, el mexicano Agustín Lara, y en la voz de Toña La Negra:
A partir de entonces, la banda sonora de los filmes mexicanos, no sólo se enriquecería con las obras de sus propios compositores, sino también de Cuba y otros países. Y en ese contexto, el bolero, en tanto género musical, ocupará destacado espacio, fundamentalmente, como a continuación veremos, entre 1935 y 1955, período que Carlos Monsivais ha definido como La Edad de Oro del Cine Mexicano.
En los años cuarenta, una «década incomparable, de grandes intérpretes melódicos y de hermosas canciones», según Mario Clavel (gran compositor de boleros), precisamente al bolero, a muy conocidos boleros, el viejo cine mexicano recurrió para denominar, de igual manera, a algunas de sus películas producidas entonces. Y fue así como hubo largometrajes de ficción, cuyos títulos serían (y esto responde a un estricto orden cronológico) los siguientes: Bésame mucho, Nosotros, Toda una vida, Palabras de mujer, Señora Tentación, Pecadora, Dos almas en el mundo, Revancha, Amor de la calle, Aventurera, Callejera, Hipócrita, No me quieras tanto, Nuestras vidas, Perdida y Rayito de luna.
En video: "Dos almas", bolero de Don Fabián, interpretado por Ibrahím Ferrer:
Y detrás de aquellos títulos, desplegados y exhibidos en las marquesinas para la atracción del público cinéfilo, palpitaban los boleros de grandes compositores, tanto mexicanos, como cubanos, argentinos y puertorriqueños, es decir: Consuelo Velázquez, Pedrito Junco, Osvaldo Farrés, Agustín Lara- al cual acudieron, con mayor asiduidad, los realizadores-, Domingo Fabiano, Fernando Z. Maldonado, Carlos Crespo, Rafael Hernández, Orlando de la Rosa y Chucho Navarro.
Brevemente comentaré, aquí, algunas de estas películas con títulos de boleros. Nosotros (1944), protagonizada por Ricardo Montalbán, más tarde estrella de Hollywood, y la catalana Emilia Guiú, «a pesar de todos los bajos recursos melodramáticos empleados, a pesar de la rígida y fría dirección (de Fernando A. Rivero) ˗acotó el historiador Emilio García Riera-, propuso entre líneas un tema insólito para el cine nacional: el amor, pura y simplemente». El bolero "Nosotros", del pinareño Pedrito Junco (1920-1943), fue interpretado en el filme por Fernando Fernández.
En video: "Nosotros", del compositor cubano Pedro Junco, interpretado por el cantante mexicano Luis Miguel:
En la década del cuarenta, como actor, aunque, por supuesto, también cantaba en ellas, el crooner de México, Fernando Fernández protagonizó tres películas. En Dos almas en el mundo (1948), melodrama de bajos fondos, dirigido por Chano Urueta, «meditaba en la cárcel sobre su difícil amor por Emilia Guiú». En Amor de la calle (1949), que dirigió Ernesto Cortázar, compartió créditos con Meche Barba, mientras que, en Callejera (1949), también de Cortázar, apareció, junto a Marga López, caracterizado como un compositor sin empleo,
Un cubano que también hiciera carrera en México, Ramón Peón, dirigió, en 1949, Nuestras vidas, a partir de un argumento de Arturo Liendo, que tomó en cuenta el conocido bolero de Orlando de la Rosa. La cinta, con fotografía de Gabriel Figueroa, estuvo protagonizada por María Antonieta Pons, nuestra rumbera por antonomasia en el cine mexicano.
Rayito de luna, de Chano Urueta, con David Silva y la actriz-bailarina Brenda Conde, cierra el decenio de los cuarenta, en cuanto a las películas que llevaron títulos de boleros. Con coreografía de Siccard, pareja de baile de Brenda, el filme, que visto hoy nos parecería algo insólito tal vez, paradigma del kitsch, cuenta una historia que tiene por escenario un puerto tropical. Sin embargo, para trascenderlo, quedó el bolero de Chucho Navarro, popularizado por el Trío Los Panchos: «Como un rayito de luna entre la selva dormida, / así la luz de tus ojos ha iluminado mi pobre vida…».
(Continuará)
En video: "Nuestras vidas", en la voz de Pilar Morales, acompañada por el Conjunto de Orlando de la Rosa, en una grabación radial de los años 50: