
La figura y el legado revolucionario de Ernesto Che Guevara han sido reflejados artísticamente de disímiles maneras: desde la fotografía, la música, y sobre todo desde la poesía. Es significativa la cantidad de poetas, cubanos y extranjeros, que le han consagrado al menos un poema. Entre los más conocidos se encuentran "Canción antigua al Che Guevara" (Mirtha Aguirre) y "Che Comandante" (Nicolás Guillén), que han aparecido en documentales, antologías y declamados innumerables veces en cuanta velada y actos de recordación han tenido lugar a lo largo de todos estos años.
Pero en esta ocasión quiero proponer un poema poco conocido que le dedicara el escritor cubano Antonio Conte, titulado: "Che, el poeta saluda el sufrimiento armado", y gestado unos días después de conocerse en nuestro país la triste noticia de su muerte; así que los versos están cargados de esa profunda conmoción que sintió el pueblo cubano por aquellos días.
En mi modesta opinión es uno de los más intensos y sentidos de los consagrados al Guerrillero Heroico, más allá de la calidad literaria que cualquier crítico pudiera encontrarle o de las diferentes lecturas e interpretaciones que se le puedan hacer. Vio la luz allá por 1969 en una antología que contenía otros textos también consagrados al Che por poetas cubanos y latinoamericanos, y que casualmente encontré un día del año 1980, hurgando en el almacén de la biblioteca municipal de Urbano Noris, en Holguín y que según supe había sido retirado del servicio a los lectores un tiempo antes por razones inexplicables para quienes laboraban allí. Pero me gustó el poema y logré memorizarlo para estrenarlo en una velada ofrecida en la Casa de la Cultura de aquel lugar, precisamente un 8 de octubre. Y así lo he mantenido todo este tiempo: solo en mi memoria. Luego lo volví a retomar, hace apenas dos años y se grabó en Radio Cadena Habana para homenajear nuevamente a su sujeto lírico.
Pude comprender lo que había sucedido con aquella antología mucho más adelante en el tiempo, con la publicación de algunos libros que de alguna manera testimonian los confusos años setenta, una etapa en que la nomenclatura dirigente del desaparecido Consejo Nacional de Cultura instauró lo que después se conocería como "Quinquenio Gris", donde fueron discriminadas y separadas de sus puestos un número indeterminado de personas que no cumplían determinados parámetros ─por profesar creencias religiosas o por sus preferencias sexuales, entre otros parámetros─, para laborar o desempeñarse en el sector de la cultura. Parece que el poema despertó la suspicacia de algún funcionario de la época, pues el autor, en una suerte de catarsis poética, exclama casi al final del texto: «İSalud, hombre de Dios!». Tal vez fue eso lo que lo condenó al ostracismo durante tantos años y que no fuera siquiera declamado públicamente.
De Antonio Conte tampoco hay mucha información. Supe que había emigrado y se estableció en los Estados Unidos, donde falleció en el año 2012.
Hace unos pocos días, investigando para estas notas, encontré publicado en los blogs Segunda cita y La pupila insomne, un artículo de Víctor Casaus titulado: "Antonio Conte: la poesía, la hermandad, las dedicatorias, la vida", a propósito de su muerte y en el cual el también poeta y cineasta lo recuerda desde la coincidencia entre ambos en las redacciones de la revista Mella y el semanario El caimán barbudo y allí lo describe como «un hermano por las coincidencias de origen de clase, por la obra que escribimos desde la misma poética, por las ideas que compartimos sobre la vida, la historia, la Revolución, aunque viviéramos los últimos 20 años en lugares distintos y las coincidencias se redujeran».
También por Víctor supe que Conte se había desempeñado, además, como reportero de la revista Cuba, guionista de documentales en la Sección Fílmica del MINFAR y jefe de redacción de la revista Cine Cubano, del ICAIC; que publicó en el año 1969 un primer libro, Afiche rojo (Colección David, Uneac), contentivo de «su poesía vallejiana e inquietante, amorosa y aguda», al decir de Casaus.
Conte fue de los primeros combatientes internacionalistas en Angola. De allá trajo, según Victor, «la experiencia cruda de la guerra y un libro de poemas con el que ganaría una primera mención en el concurso de la Uneac de 1979: Con la prisa del fuego, que aparecería publicado dos años más tarde por la Editorial Letras Cubanas».
Finalmente Conte emigró a principios de los terribles años 90, se instaló primeramente en Colombia, allí publicó otro libro, hizo periodismo y luego se trasladó a Miami, donde falleció de un infarto en 2012. Pero su poema dedicado al Che quedó entre nosotros, invisible, pero cierto, no podría ser de otra manera, en definitiva las obras de arte no emigran, no cruzan fronteras, su destino es permanecer como patrimonio de los pueblos que las inspiran. Por eso hoy quiero evocar al Guerrillero inolvidable con una versión de estos versos que le nacieron a Conte cuando supo la triste noticia y que, como dije, se grabaron y musicalizaron hace dos años en Radio Cadena Habana. Seguidamente el texto íntegro del poema, tal como lo encontré recientemente publicado en el blog El copo y la rueca.
Che: el poeta saluda al sufrimiento armado
Antonio Conte
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
MIGUEL HERNÁNDEZ
Para que tu cadáver no sea certidumbre,
tus huesos un montón de rastrojos, útiles al árbol
que ha de crecer donde te pudres, duermes más bien,
tu corazón mundial restaurando sístoles y diástoles.
Para no llorar por los rincones como huérfanos indefensos,
ni estarnos aquí, vengando tus despojos mentalmente
en esta irremediable noche que casi nos ahoga.
Para que tú no seas un mísero mortal, una suerte de corrida
donde perdiste el número de la victoria,
es que ahora fechamos el tiempo con tu nombre.
Quiero decir que existes de una manera inversa
a la existencia misma,
ni austero ni agresivo, callado simplemente.
No hay vida más allá que grite, que combata,
que organice papeles.
Allí no crecen barbas ni hay héroes legendarios.
Es una vida que te construimos para no resignarnos
a ver cómo te han roto, cómo te han puesto rígido, macabro.
Ésa es nuestra única mística posible.
Cualquier desgarradura es explicable;
como si a cada uno de nosotros
nos hubieran cercenado algún miembro.
Los pies no van a ningún lado, tan sólo a la memoria
que dejaste, al cementerio popular donde estás enterrado
por segunda vez con los ojos abiertos.
La cabeza es inútil, no vive en nuestros hombros,
rodó contigo, corrió tu misma suerte.
Te vencieron un día guerrillero,
un día nada más,
el tiempo exacto de armar al sufrimiento
con lágrimas y todo cuanto sirva para matar.
Tu asesinato inicia otro día de cólera,
vamos a recobrar tu herencia balazo tras balazo;
tu camisa por fuera, tus heridas,
cada huella marcada por tu bota sobre la selva americana,
el asma boca arriba, tu amor que nos sustenta,
tu ser violento, tu odio indispensable,
tu garganta de tiernas palabrotas.
¡Salud, hombre de Dios…!
aunque no escuches la soberbia
del hombre que te ama pedazo por pedazo.
No volveremos a encontrar tu filosa materia
premeditando continentes.
Sostén nuestra venganza desde esas soledades,
desde ese fondo mineral donde el misterio es más intenso.
Un día diurno, claro, atento, fértil…
TU GRAN AVENTURA RECORRERÁ EL PLANETA.
Allí reside la inmortalidad.
Hasta la victoria siempre, compañero del alma,
compañero.
Hermoso poema, hace falta divulgarlo más.
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