
Las canciones más extraordinarias dedicadas a Ernesto Che Guevara, el guerrillero americano, son epopeya hecha música por Silvio Rodríguez, figura cimera del Movimiento de la Nueva Trova, en Cuba.
Conmocionado por su muerte, de repercusión universal, escribió la primera, “La era está pariendo un corazón”. El tema se convirtió en un suceso nacional, interpretado por la extraordinaria Omara Portuondo.
Sólo unos minutos después nació “Fusil contra Fusil”. Y es que en la anterior le faltaba el nombre y el apellido. Pero el poeta, siempre enemigo de lo demasiado explícito, más que a la persona, mencionó su decisión irrevocable: que a los fusiles de los opresores tenían que responder los fusiles de los oprimidos.
“América, te hablo de Ernesto” se le apareció a Silvio Rodríguez en 1972; “Un hombre se levanta” es el tema de una serie de televisión inspirada en la guerrilla urbana del Uruguay que Sara González convirtió en un gran éxito.
Hija de América, la canción “La oveja negra” es un clamor por la identidad continental, que recrea los ritmos de la música andina y del cono sur. El amor y nunca la violencia identifican a Guevara en “Tonada del albedrío”.
Para conmemorar el XX aniversario de la caída del guerrillero, estrenó “Hombre”, en 1987: «Hombre y amigo, / aún queda para estar contigo, / hombre sin templo, / desciende a mi ciudad tu ejemplo /…».
No requiere Silvio esfuerzo para cantar poemas al guerrillero inmortal, expresión suprema del internacionalismo, la solidaridad y el altruismo, todo él himno y elegía.