
“Cuando la gente no habla de música, ¿de qué habla?”
Bola de Nieve
Ignacio Jacinto Villa Fernández, Bola de Nieve (Guanabacoa, La Habana, 11 de septiembre de 1911/ Ciudad México, 2 octubre 1971), es uno los artistas más auténticos y pintorescos de Cuba, imposible de imitar. Tenía como herencia a padres de sangre africana y a un pueblo embrujado, lleno de tradiciones.
En una época en que ya no abundan tantos cantantes o tantas cantantes auténticas, naturales, Bola de Nieve es una referencia para comprobar que, más que una voz, hace falta un artista.
La canción posee una dramaturgia, una historia para expresar con sentimiento y corazón. Bola es una escuela de la canción teatral. Baste escuchar las composiciones de Emilio Grenet “Vito Manué", de Eliseo Grenet “Mamá Inés”, “Negro bembón” y el simpático tema “Mamá perfecta”, escenificación pura de una negra que cuida de su hijo.
El Bola estudiaba y escenificaba durante un año cada canción que después mantenía por años en su repertorio, que no variaba mucho y tenía sus emblemáticas canciones que mostraba como una escuela teatral de la canción.
Lo que el Bola sabía, lo había aprendido de su propia madre, una cuentera, animadora de fiestas y saraos, bailadora de rumbas, cantadora de romanzas y zarzuelas. Toda la familia vivía entre congos, carabalíes, cabildos y comparsas de carnavales. En ese mundo de santería y folclor, de plantes babalaos, de bembé y toques de congas creció el niño Ignacio.
Como pianista realizó su aprendizaje, solamente unos años, no llega a finalizar los estudios, pero todo parece que fue creando su propio oficio y estilo, sus recursos con toda la riqueza de la nacionalidad cubana. La musicóloga María Antonieta Enríquez asegura que el pianismo de Bola llegó a ser notable, de gran soltura, correcto manejo de pedales y riqueza de color, resultado de su férrea disciplina, entrenamiento y estudio.
“Bola nunca se las dio de concertista –me explica Esther Borja el 24 de abril de 2006– Rafael López le supervisaba sus composiciones y montaje de canciones, le indicaba los acordes apropiados. Rafael vivía en Infanta y Estrella, frente a Ernestina Lecuona, donde mismo vivió un tiempo Leo Brouwer”.
En la vida de los artistas hay que vencer muchos obstáculos. Bola quiso ser maestro, no logró alcanzar su deseo de hacerse doctor en Pedagogía en la Escuela Normal para Maestros. “Usted ha equivocado el camino, usted es artista, debe hacer otra cosa”, le insistía uno de los profesores
A los trece años en el cine Fausto y en el Carral, ameniza las películas silentes de Chaplin, Valentino, Fairbanks y Tom Mix. El propio Bola contó a Octavio Cortázar que el público de aquellos días tiraba huevos y tomates. La canalla –que nunca falta– desde la tertulia le gritaban: ¡Bola de Nieve!, ¡Loca!, ¡Negro gordo!”. Con esos truenos no era fácil salir adelante.
Otro fracaso le esperaba en 1929 en el Teatro Nacional con una imitación del actor y cantante argentino José Borh. Pero, como dice la frase: “Lo que está para ti, no hay quien te lo quite”. En una ocasión, en su bautismo teatral profesional, en el Politeatro de México, Rita Montaner queda ronca, no podía presentarse y le dijo su acompañante de piano: “Bueno, tú no dices que eres artista, pues sal y canta… Nervioso, desorientado, aturdido canté: “Vito Manué tu no sabe inglé”. Me aplaudieron muchísimo, y fue un gran éxito”.
La historia del Bola es abundante, el periodista Ramón Fajardo escribió la biografía Deja que te cuente de Bola, una valiosa obra para saber más de ese gran artista cubano. Por cierto, el Bola, en una entrevista de Ciro Bianchi, ahora hace medio siglo le dijo algo que hoy día tiene mucha vigencia. “Los cubanos no hemos comprendido del todo la importancia que tiene la música para este país. Somos la isla de la música, pero eso no lo aprovechamos convenientemente”.