
Fue el más legendario de los cantantes populares cubanos del pasado siglo y un verdadero mito de nuestro pentagrama.
Según cuentan, la historia del nombre artístico de Benny se remonta a 1945 cuando el lajero se encontraba en México cumpliendo su primer contrato fuera de Cuba junto al Conjunto Matamoros.
Finalizado el contrato, el joven cantante decidió quedarse en ese país y se lo comunicó a Miguel Matamoros. Antes de la despedida, el notable músico santiaguero le dio algunos consejos y entre ellos el de cambiarse el nombre por otro más comercial.
Bartolomé- que así se llamaba en realidad el Bárbaro del Ritmo- pensó en su futuro nombre artístico y eligió inicialmente el de Homero, con el que hasta hizo presentaciones en el país azteca.
Poco después el cantante lajero se inspiró en uno de los músicos norteamericanos que más admiraba, el célebre clarinetista Benny Goodman, solo que el cubano se apellidaría Moré.
Fue así como nació para la historia musical de Cuba y Latinoamérica el nombre artístico de Benny Moré.
Intérprete de voz profunda y bien timbrada, con gran capacidad para la composición, Benny Moré sobresalió igualmente por el timbre autóctono de sus orquestaciones.
Sin embargo, no solo fue el Bárbaro del Ritmo, sino el de la cubanía en nuestra música y más allá de ella.
Bromista y guarachero en el más amplio sentido de ambos términos, al inmortal lajero le gustaba criar animales comestibles en su casa.
Y a todos -pollos, puercos y gansos- les ponía nombres de artistas amigos suyos.
Cuentan que en una ocasión, mientras atendía a un periodista que fue a visitarlo, Benny Moré le señaló un grupo de pollos y le dijo: “Mira, al Conjunto de Chapottín ¡le falta un músico!... ¿Sabes para dónde fue?... Pregúntale a mi mujer. Quedó en la cazuela”.
Así de bromista y guarachero era el Bárbaro del Ritmo, un grande entre los grandes de la música cubana de todos los tiempos.