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Arsenio Rodríguez y la música afrocubana

Fecha de Publicación: 2018-08-30 13:18:56


La memoria muchas veces es infiel ─aunque digamos mejor injusta, para suavizar el término─, y se olvidan nombres, hechos, detalles que en ocasiones dificultan justipreciar en su verdadera magnitud, la valía histórico-cultural de una persona, un suceso o un lugar.

En la mayoría de estos casos, la responsabilidad máxima compete a los sujetos pensantes, encargados de recordar, esclarecer  y poner las cosas en sus cauces, que con el paso del tiempo suelen sumirse en la inopia y en otras ocasiones, en la indolencia.

Por esas razones, este 30 de agosto, en ocasión del aniversario 107 del natalicio del excelente músico cubano conocido como Arsenio Rodriguez, decidí desempolvar viejas noticias que amenazan con convertirse en humo.

Empecemos por precisar que Ignacio Arsenio Travieso Scull  ─que este fue su verdadero nombre─ nació en Güira de Macurijes, de ahí que se tenga por matancero, pero que a la edad de cinco años vino a vivir a Güines, a unos 54 kilómetros al sur de La Habana, en la actual provincia Mayabeque.

En verdad ─y sin ánimos de desatar una polémica bizantina o puramente localista─ las raíces de Ignacio Arsenio eran más de esta comarca habanera. Su padre, Bonifacio Travieso, era natural de Güines y la madre, Dorotea Scull, de San Nicolás de Bari. El niño vino al mundo en Matanzas, porque sus padres se trasladaron en busca de trabajo en los cortes de caña del central Bolondrón.

Al regresar a Güines, la familia Rodríguez Travieso fijó residencia en el Barrio Legüina, donde también viviera ─unos años después─ Arístides Soto, Tata Güines, otro gran rumbero cubano.

Esta era una zona de gente humilde, negra y fiel a la herencia musical y religiosa de sus ancestros. Aquí radicó en tiempos de la esclavitud un cabildo presidido por Pascual Fernández Gavilán, de origen nigeriano, que iniciaron en 1860 la celebración por el Día de la Santa Bárbara, deidad católica que adoptaron para encubrir el culto a Shangó, uno de sus orishas más populares del panteón yoruba.

Shangó es dueño de los tambores batá, wemileres, ilú batá o bembés, del baile y la música; representa la necesidad y la alegría de vivir y la intensidad de la vida.

No extraña por tanto que en esta barriada ─donde en 1950 se construyera una capilla para la adoración de Santa Bárbara-Shangó─ fuera habitual el sonido habitual de los cueros, las rumbas callejeras y las juegas.

Ignacio Arsenio Travieso Scull, que llevaba en sus venas sangre conga  ─heredada de Bonifacio, su abuelo materno─ fue una verdadera esponja y recogió estos sonidos y placeres; y aunque no fue un religioso practicante, creía en los dioses de sus antepasados y se consideraba hijo de Shangó

También aprendió a hablar los dialectos de origen congo y lucumí, gracias a sus padres, responsables de su crianza en el barrio Leguina de Güines.

La información musical acumulada durante sus años de niñez y adolescencia, aunada a la  disposición y entrenada capacidad para dedicarse a la música, en sus diversas áreas, beneficiaron su posterior desarrollo musical

Esta temprana exposición al ambiente musical-callejero del barrio Leguina favoreció  el desarrollo de su talento y el interés por  aprender los rudimentos básicos de la percusión mayor y sus toques fundamentales de origen congo y lucumí

De este modo, cuando comenzó su andar por la música, fueron estos aires los que inicialmente aprendió. La primera organización musical  a la que se vinculó fue una agrupación integrada por tambores, en la cual Ignacio Arsenio tuvo la oportunidad de experimentar la práctica musical a temprana edad y en la cual, se afirma, tocaba tumbadora y la marímbula, otro instrumento de origen africano.

En  1931, decidió trasladarse a la capital, donde existían más opciones para desarrollar la carrera artística. De esa fecha, adoptó el nombre artístico con que trascendió: Arsenio Rodríguez.

Digamos ahora que este invidente genial fue un músico con una capacidad de creación incomparable. A su ingenio se debe la modificación del transcurso del son y establecer  una forma personal de interpretación del guaguancó en el conjunto de música popular.

Como tresero, Arsenio Rodríguez se caracterizó por la invención de tumbaos interpretados con rápida digitación, gracias a su temprana relación, experiencia e intensa práctica de la música afrocubana.

Al respecto, el historiador y musicólogo Cristóbal Díaz Ayala escribió que Arsenio fue  «capaz de convertir los montunos pianísticos en montunos tresísticos».

Finalmente, a modo de conclusión, quiero insistir en el hecho de que el profundo sentido del ritmo procedía de su temprana exposición a las insondables músicas africanas ─en sus vertientes más auténticas─, así como a las expresiones cultivadas bajo las elaboraciones definidamente afrocubanas, con todas las herencias supuestas.



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