
Aciago día aquel 27 de septiembre de 1972, pues en esa fecha falleció Abelardo Barroso Dargeles. Aunque han pasado varios días, vale la pena recordar a uno de los grandes músicos del patio.
Oriundo del emblemático barrio de Cayo Hueso, cuna de insignes músicos cubanos de todos los géneros, desde joven se ganó la vida en varios oficios: chofer de alquiler, boxeador y pelotero.
La música popular que animaba la vida de las calles de la ciudad le llena el alma y el joven Abelardo, en sus momentos libres cantaba junto con los viejos trovadores que actuaban en los cafés o con los grupos que tocaban son en los precarios locales de la Playa de Marianao. Por aquella época el son era considerado “música de negros analfabetos y sin cultura”, incluso hasta en las sociedades de clase media “de color”. Todo ello no impidió que en las zonas de la periferia y en los barrios populares el son fuera ganando notoriedad.
Ya en 1918 o 1920 se funda el Sexteto Habanero y comienza paulatinamente la época de oro del son. En 1925 Abelardo Barroso ingresa a esa agrupación, que actuaba entonces en el exclusivo Vedado Lawn Tennis Club. Ese propio año, en el mes de octubre, el grupo comenzó a realizar sus primeras grabaciones en La Habana para la firma RCA Víctor. La segunda sesión de grabación tuvo lugar el 2 de noviembre, cuando se imprimió uno de los sones considerados “clásicos”: "A la loma de Belén".
En 1926 graba un disco en Nueva York con el Sexteto Boloña y en 1927 nuevamente graba con el Sexteto Habanero en La Habana para la firma Víctor. A fines de ese año participó en las grabaciones que realizó en la ciudad de Nueva York el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro para el sello Columbia. En esas grabaciones ya hay un tema de su autoría. Al año siguiente, el afamado Barroso, llamado Caruso por su potente voz, graba discos en una rápida secuencia, con las principales agrupaciones soneras del momento.
Se sucedieron años de constantes giras y actuaciones, hasta que las jazz bands cambian el gusto del público, dejando muy afectadas a las otras agrupaciones. En 1954 cuando tocaba la tumbadora en la orquesta de Rafael Ortega en el cabaret Sans-Souci, el dueño de la empresa de discos Puchito, Jesús Gorís, lo reconoció y lo invitó a grabar con una nueva orquesta que acaba de contratar: la Sensación, de Rolando Valdés.
Abelardo Barroso se retiró de la música definitivamente en 1969. Falleció en La Habana tres años después, el 27 de septiembre de 1972. Hoy sus grabaciones se reeditan y disfrutan por un público conocedor que lo admira y extraña.