Ante todo y fundamentalmente, arte de las imágenes en movimiento, el cine nació sin sonido, sin voz, sin música. No obstante, hay que reconocerlo, hubo importantes filmes, devenidos clásicos, en la etapa silente; empero, en aquellos tiempos en que se subtitulaban los fotogramas con los diálogos de los intérpretes, virtuosos del piano animaban la sucesión de imágenes mudas.
Salvar la memoria es, en el mundo contemporáneo, una necesidad impostergable. Solo así será posible conservar, para las actuales y futuras generaciones, el legado precedente, como una manera de entender el presente y —quizás lo más trascendente— de edificar el tiempo por venir.
Nuestra página inicia con este artículo de Fernando Rodríguez Sosa un acercamiento a esos libros que, a lo largo del tiempo, han conformado el catálogo editorial cubano dedicado a la música. Libros que debe leer todo aquel que pretenda conocer de una de las más ricas manifestaciones de la cultura creada en la mayor de Las Antillas.
En la historiografía musical cubana todavía están por valorarse los aportes que hizo a la rumba Ignacio Piñeiro, el gran sonero cubano.
Echó salsita a la música de toda América. Según Emilio Grenet, Piñeiro «hizo la transformación del montuno del son, a la canción bailable».
La diversidad musical está presente en la obra de Ignacio Piñeiro, líder de legendarios grupos de clave y guaguancó, integrante del Sexteto Occidente de María Teresa Vera, y fundador y director del Nacional en 1927.
A 45 años del gran debut, Irakere nunca debió desaparecer por sus cualidades tímbricas, por su apego a nuestras tradiciones y sobre todo por su carácter innovador
Luego de varios años de experimentaciones sonoras que los alejaron de su estilo y ritmo original, La Charanga Habanera vuelve a sus raíces con el disco Subiendo la parada